OPINIÓN | Eduardo González Viaña: “Racismo y educación en el Perú”

"El perfil físico de un racista peruano no es precisamente el de un rubio miembro del Ku Klux Klan ni el de un germánico admirador de Hitler".
16 Junio, 2021
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Según Clemente Palma, solo los blancos merecen sobrevivir en el Perú porque son nerviosos, bellos e inteligentes. Por el contrario, “la indígena es una raza embrutecida por la decrepitud. Es por su innata condición, inferior, y por los vicios de embriaguez y lujuria, un factor inútil. Los elementos inútiles deben desaparecer y desaparecen”.


“Hay un medio para ayudar a la acción evolutiva de las razas: el medio empleado en Estados Unidos. Ese medio es la exterminación a cañonazos de esa raza inútil, de ese desecho de raza”.

Aunque escrita en 1897, esta tesis académica siempre ha tenido adeptos peruanos sobre todo entre individuos que NO comparten los supuestamente excelsos rasgos blancos. El mismo Clemente Palma –descrito por su contemporáneo Alberto Hidalgo– era “zambo, casi negro, paradas las orejas como las de un murciélago, los belfos gruesos, carnosos y volteados, la cara enjuta, los ojos, unos ojos de renacuajo y los bigotes crespos llevados a la Káiser…”


Como en su caso, el racismo en el Perú es una pasión ilusoria. No es practicado por blancos puros, que aquí no existen, sino por quienes aspiran a serlo, cholos, zambos, blancoides e indioides, todos los cuales se blanquean choleando. Su “blanco” preferido es el indio, el provinciano, supuestamente “opuesto a la modernidad y el progreso”.

El taxista que me trajo del aeropuerto –por ejemplo– se creyó obligado a informarme que “ya estamos a punto de ser un país del primer mundo… Solamente nos faltan unos centímetros, señor”.

Aunque sus rasgos eran aindiados, de inmediato se quejó de los indios:

-Lima está llena de “malls” como en Estados Unidos. Esto ya podría ser el primer mundo. Pero ¿sabe quiénes lo impiden?… Los indios, señor. Los provincianos.

Hay muchas personas como mi taxista. El perfil físico de un racista peruano no es precisamente el de un rubio miembro del Ku Klux Klan ni el de un germánico admirador de Hitler.

Suelen ser más oscuritos. No han leído jamás un libro, y lo que saben sobre la actualidad lo han aprendido en las portadas que ojean de relancina en los kioscos de periódicos. Los deportes, las fotos de traseros y las consignas bestiales contra la gente del campo les bastan para alimentar su espíritu.

Y eso es risible, pero muy peligroso. Habría que impulsar una educación con más elementos sobre la identidad nacional.

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