OPINIÓN | Eduardo González Viaña: “¿Qué hago para entender a Vallejo?”

"Estoy recordando algo que ocurrió entre 1920 y 1921, el encarcelamiento injusto de César Vallejo, o sea la génesis de 'Trilce', su libro más famoso".
14 Julio, 2021
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Un lector honesto me pregunta: ¿Qué hago para entender a Vallejo? Le respondo: Póngase de pie. Estire los brazos hacia delante. Junte las manos por las muñecas. Si no puede mantenerlas así, haga que se las aten. Camine usted después una cuadra, dos, tres o más.


Usted no sabe hacia dónde se dirige porque tiene nueve guardias armados detrás, y son ellos los que le dicen que avance. Además, de rato en rato, lo empujan cuando usted vacila porque es muy difícil caminar de esa manera.

  Centenario para recordar

Estoy recordando algo que ocurrió entre 1920 y 1921, el encarcelamiento injusto de César Vallejo, o sea la génesis de “Trilce”, su libro más famoso. Es otro aniversario para estos días.


Pero sigamos: En la esquina que da a la catedral de Trujillo, usted tropezó y cayó. ¡Levántate, carajo!, le gritó uno de los uniformados. Hacerlo era casi imposible. Un transeúnte lo ayudó. Eso enfureció a sus captores porque querían burlarse de usted mientras trataba de levantarse.

Comenzaron a cruzar en sesgo la Plaza de Armas. Unos muchachos que pasaban por allí lo reconocieron, y gritaron que era injusto, que no debían tratarlo a usted de esa forma. Los guardias le dieron un empujón y le ordenaron que avanzara a paso de carrera. Detrás se escucharon dos balazos.

Una cuadra y media más abajo se detuvieron ante la gran puerta de rejas, y llamaron a gritos al portero. El hombre llegó corriendo, y la abrió.

A usted no le quitaron las esposas. Debían hacerlo para que subiera los tres peldaños de esa puerta, pero tenían instrucciones de humillarlo.

  ¿Le duelen las muñecas?

Al saber que usted está acusado de terrorista, sus amigos más prudentes ni siquiera pronunciarán su nombre e incluso dirán que nunca lo conocieron. Usted sabe que, de ese tipo de cárceles y condenas, librados al arbitrio de la autoridad, solo se sale muerto o loco. Así ha sido ayer y así es ahora. Y si usted sale alguna vez, tendrá que irse precipitadamente al extranjero para morir allí.

Y, por último, si usted llega a ser famoso, muchos se atreverán a decir que nunca quiso volver a su patria. Los bufones escribirán sobre usted. Las reinas de belleza lo citarán entre sus preferencias. Los carceleros de hoy guardarán un minuto de silencio en su memoria, y dispararán 21 camaretazos sobre los presos rendidos.

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