OPINIÓN | Eduardo González Viaña: “Otro septiembre sin Pavarotti”

"Los tenores estaban haciendo las veces de sacerdotes universales porque habían congregado en una sola voz toda la esperanza humana".
16 Septiembre, 2020
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En julio de 1994, el mundo se iba a acabar. José Carreras, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti, los tres tenores lo salvaron. ¿Fue julio y fue 1994? …Me estoy refiriendo a la clausura del Campeonato Mundial de fútbol celebrado en los Estados Unidos. En Los Ángeles, los tres más celebrados tenores de nuestro tiempo, acompañados por una orquesta de 200 profesores, ofrecían un concierto que la televisión hacía llegar hasta un poco más de la mitad de la población terrestre.

Para ese día, los astrónomos estaban anunciando un inesperado evento cósmico. Una oleada de meteoros había colisionado con Júpiter y, debido a ello, un continente había sido borrado del mapa.

Pero allí no terminaba la aventura estelar. Solamente una porción de los asteroides había caído sobre Júpiter; el resto continuaba su marcha silenciosa por los espacios; y aquella noche debían de pasar sobre la tierra, o estrellarse sobre ella.

No se sabía en qué lugar caerían, pero, la hora final se aproximaba. De acuerdo con las estimaciones científicas, a las 10 y 15 minutos de la noche, hora del Perú, las estrellas del Apocalipsis comenzarían a estrellarse, una tras otra, sobre la superficie terrestre.

El lado del planeta que no recibiera los impactos quedaría sumergido en una noche que duraría 400 años, pues hasta entonces no habría de desvanecerse el humo de la destrucción.

“Monde nouveau, tu m’appartiens¡”, de la ópera de Meyerbeer, cantaba Plácido Domingo cuando ya eran las 9 y 30 de la noche, y a las 10, muy cerca de la hora en que debía ocurrir la catástrofe, Luciano Pavarotti interpretaba otra vez a Puccini: “Nessun dorma¡ Nessun dorma¡” (Ningún hombre duerma. Nadie duerma); y un rato después añadía: …”guardi le stelle che tremano/dámore e di speranza” (observa la estrella y tiembla de amor y de esperanza…)

Allí fue cuando supe lo que estaba ocurriendo: en el centro del mundo, los tenores estaban haciendo las veces de sacerdotes universales porque habían congregado en una sola voz toda la esperanza humana. Lo decía la propia letra de lo que cantaban.

Estoy seguro de que por eso se salvó la tierra en julio de 1994; las voces de los tres y nuestros silencios se transmutaron en una sola fuerza que desvió la amenaza del espacio.

Luciano Pavarotti, la mayor leyenda del canto del siglo XX, moriría en septiembre del 2007. Otro septiembre sin él, y ahora lo necesitamos más que nunca.