OPINIÓN | Eduardo González Viaña: “Mi debut con la Sonora”

"En los setenta, introdujo en el Perú un ritmo que nunca ha cesado de sonar, y que en cierta forma expresa un estado del alma nacional, la salsa".
23 Junio, 2021
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O bien este año o el próximo cumple cien años la “Sonora Matancera”. Fundada en Matanzas, al sur de La Habana, la famosa orquesta tropical ha cambiado varias veces de sede, pero nunca ha dejado de ser de ese espíritu al que se suele llamar “cultura latinoamericana”.


En 1996, un peruano recibió sobre sus hombros la responsabilidad tremenda de mover la batuta. Beto Villena, el “Rey de la Salsa”. Se la encargó el legendario Rogelio Martínez y la estuvo dirigiendo hasta que lo sorprendió la muerte.

¿Recuerdan a Beto Villena? En los setenta, introdujo en el Perú un ritmo que nunca ha cesado de sonar, y que en cierta forma expresa un estado del alma nacional, la salsa.


Beto hizo estudios completos de música en el Conservatorio Nacional, luego, en Bogotá, y por fin varios años en la Escuela Experimental de Folklore de La Habana.

En Colombia, habría de comenzar su carrera artística nada menos que como “Rey de la Salsa” y, muy poco tiempo después, brillaría en Nueva York al lado de luminarias como Celia Cruz, Eddie Palmieri o Willie Colón.

A Lima Beto Villena llegó en 1972, como si su misión fuera introducir la salsa en el Perú y lo hizo en establecimientos que fundó como “Los Mundialistas”, “El Durísimo” o el “Bertolotto”.

En 1997, los “matanceros” pasaron por Lima y de allí fueron directamente a Pacasmayo, de donde es originario Beto Villena.

Por supuesto que no había teatro que fuera suficiente para las 10 mil personas que los escucharon en un estadio de la ciudad, y que alternativamente bailaban, suspiraban o guardaban un largo y religioso silencio cuando, por ejemplo, el ya mitológico Alberto Cortez de Cuba cantaba: “¡Qué saben de la vida/ los que nunca han vivido/ los que nunca han sufrido/ una pena de amor…!”

Como Beto Villena, viví mi infancia en ese puerto del norte del Perú, al que había llegado de vacaciones para alimentar aún más la nostalgia que después me devoraría en Berkeley, donde trabajaba entonces.

“¿Qué te parece si hacemos una canción a Pacasmayo?” –me propuso Beto, y acepté. Escribí “Otro sol es el sol de Pacasmayo”… Me pasé tres días ensayando sus arreglos, y me obligaron a cantarla en público en dúo con Alberto Cortez. Ese fue mi debut con la Sonora, y no me exijan que vuelva a cantar en público porque soy capaz de hacerlo.

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