OPINIÓN | Eduardo González Viaña: “Los cascos azules del Perú”

"... creada por las Naciones Unidas para mantener el alto el fuego entre las fuerzas de Israel y Siria y supervisar la aplicación del acuerdo de retirada".
8 Diciembre, 2021
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La navidad de 1974 no fue Navidad para el soldado peruano Vicencio Flores Regalado.


Abrió los ojos en un hospital y, una vez más, descubrió que no estaba en su patria.

María, la dulce enfermera que hablaba castellano, le informó, como lo hacía todas las mañanas, que estaban en Chipre, una isla del Mediterráneo y que, cuando se pusiera bien, lo embarcarían a su lejano Perú.


–Eres un héroe de la paz, mi héroe– le repetía hasta que un sacerdote de entrecruzadas barbas blancas y negras llamó a la muchacha a un lado y le ordenó hacer de intérprete.

Con su característico casco azul, Vicencio integraba una fuerza multinacional creada por las Naciones Unidas para mantener el alto el fuego entre las fuerzas de Israel y Siria y supervisar la aplicación del acuerdo de retirada.

¿Un ejército para mantener la paz? Parece una contradicción, pero las Naciones Unidas, cuyo Secretario General era el peruano Javier Pérez de Cuéllar, lo había creado y era la primera vez en la historia universal que ello ocurría.

Su sacrificio ha salvado las vidas de miles de personas y tal vez ha evitado una espantosa tercera guerra mundial.

En la tradición de Pérez de Cuéllar, el embajador Manuel Rodríguez Cuadros, nuestro representante ante la ONU, acaba de ser elegido en ese organismo como vicepresidente de la Junta Ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y de la Oficina de las Naciones Unidas para Proyectos (UNOPS).

Su finalidad es “impulsar el desarrollo económico y social sostenible, la preservación del medio ambiente, la lucha contra la pobreza y la extrema pobreza, y la gestión de recursos transparente y con rendición de cuentas”.

El “pope” se acercó más al soldado y ordenó a María Luisa que le hablara como si fuera la muerte. En las alturas del Sinaí, Vicencio había pisado una mina. Allí mismo, le amputaron las piernas y fue trasladado a un hospital de Chipre. Aunque había sobrevivido a eso, no pudo soportar la pena de pasar Navidad tan lejos de casa.

A Vicencio, hay que añadir los nombres de Rodolfo Neyra y Javier Espinoza. El “Batallón Perú” integrante de las fuerzas multinacionales tiene tres héroes y, en la diplomacia peruana, hay centenares de hombres y mujeres que creen en la capacidad de la inteligencia –y no la guerra– para construir la historia.

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