OPINIÓN | Eduardo González Viaña: “La loca de Asturias”

"La loca está y no está. Aunque su cuerpo de bronce sigue plantado en España, su alma y sus sueños vagan por tierras extranjeras".
2 Junio, 2021
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Para Alejandro Alvargonzález, bienvenido La llaman “La loca del Rinconín”. Es la mujer más triste que he visto en mi vida. Está de pie en la playa de Gijón, Asturias, y mira el horizonte. Trata de ubicar allí los recuerdos de su hijo que se fuera de España hace ya tiempo en busca de mejores oportunidades o quizá tan solo de algunas ilusiones.


En bable, el idioma de esa región española, se llama “lloca” (loca) a una escultura colocada en la bahía de Gijón en 1970 para simbolizar a las madres que esperan al hijo ausente.

La loca está y no está. Aunque su cuerpo de bronce sigue plantado en España, su alma y sus sueños vagan por tierras extranjeras. Acaso piensa en las dos monedas de oro –toda su fortuna– que cosió en el abrigo azul del viajero, y sabe que si aquél tiene dificultades acaso las solucionará con ellas.


Conozco y quiero Asturias, y he vivido en Oviedo, su capital. He ofrecido clases en su universidad en 2006 y 2008, y colaboro en “La Nueva España”, su periódico. En esa milenaria ciudad, conocí a Woody Allen, quien es ciudadano de honor y premio Príncipe de Asturias.

Nos vimos en la calle de las Milicias Nacionales. Me acerqué a saludarlo. Por su parte, creyendo que yo le iba a pedir un autógrafo y para fingir modestia, me dijo: “Asturiano, yo te lo pido. Fírmame aquí”.

“Disculpe”, le respondí, “no le puedo firmar ese papel porque mi editor me lo ha prohibido”.

Me di cuenta de que mi broma no tenía mucho sentido porque era un monumento en tamaño natural a uno de mis cineastas favoritos.

Recuerdo que Woody dijo una vez: “Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida”.

Algo más me recuerda Asturias. En su territorio, trescientos locos asturianos comandados por el rey Pelayo detuvieron a pedradas a un ejército de 200 mil de árabes que, debido a ello, no pudieron llegar al extremo norte de la península. Gracias a ellos, en la batalla de Covadonga, se salvó España y se comenzó la tarea larga, pero triunfal, de la Reconquista.

Cada vez que la pandemia entra en la casa de amigos queridos, pienso que se irá pronto y recuerdo con cariño estas incitaciones a la esperanza que están contenidas en Asturias, en Pelayo y en la loca del Rinconín.

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