OPINIÓN | Eduardo González Viaña: “Junceda: el amigo del Perú”

"Junceda era un jurista brillante y conocido por sus estudios sobre el derecho al ambiente cuando apenas pasaba de los 30 años de edad".
2 Noviembre, 2021
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Hace algo más de una década, un importante abogado de Oviedo, Javier Junceda, compró unas veinte sillas y las acomodó en su estudio jurídico, se dio de baja con algunos clientes que le restaban algún tiempo y colgó en la fachada de su edificio el letrero del Consulado del Perú en Asturias.

Desde ese momento, iba a prestar sus servicios a título gratuito a los miles de peruanos que habitan esa comunidad autónoma de España, y aquello era el cumplimiento de un sueño que había tenido desde niño: llegar a ser también peruano.

¿Peruano? ¿Y por qué razón?

-Hay pocos países en el mundo en el que sus recursos humanos excedan a los cuantiosos recursos naturales.

Junceda era un jurista brillante y conocido por sus estudios sobre el derecho al ambiente cuando apenas pasaba de los 30 años de edad. En Europa, su opinión pesaba cuando se trataba el problema de la contaminación versus el derecho y el deber que tienen los estados a resguardar el clima y la limpidez del planeta.

Además de abogado, Junceda pertenece a la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, a la Academia Norteamericana de la Lengua Española y a la Real Academia Asturiana de Jurisprudencia. Pero allí no se terminan sus ocupaciones porque durante 17 años ha volado semanalmente a Barcelona para cumplir sus tareas como decano y catedrático de derecho.

Workahólico, para llamarlo con anglicismo, Junceda escribe casi a diario para varios periódicos españoles y, además, publicó un diccionario de términos jurídicos para facilitar la tarea de los abogados que litigan en Estados Unidos.

Cuando publicó su primer libro sobre derecho ambiental, el embajador del Perú le pidió que integrara el grupo de expertos en las diversas conferencias sobre el Protocolo de Kioto. Eso demandaba dejar el hogar, el estudio jurídico y su trabajo universitario. No lo pudo aceptar, pero sí prefirió ser cónsul honorario.

Para eso, había comprado las veinte sillas adicionales. El estudio Junceda, además de cumplir con las funciones consulares inmediatas, se convirtió en el hogar de los peruanos que ansiaban “arreglar” su situación migratoria, buscaban trabajo o simplemente querían pedirle al jurista algunos consejos para el hogar. Nunca cobró siquiera un euro por ello.

Varias universidades del Perú le han otorgado doctorados honoris causa, pero no tiene la nacionalidad a la que aspira y prefiere ser en España, como lo llamamos en esta nota, el amigo del Perú.

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