OPINIÓN | Eduardo González Viaña: “El temor de un escritor”

"Además, entre todos los bienes terrenales, la grandeza moral es lo que más me importa, y solo quiero ser en esta vida un hombre decente".
31 Agosto, 2021
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Tenía yo 11 años cuando, en mi colegio, participé en un concurso para decir chistes. Nueve chicos contaron los suyos, y eran excelentes.


Al fin, comencé el mío. No llegué a terminar la primera frase cuando todo el mundo comenzó a reír sin parar. Al final, se me proclamó ganador.

El profesor me explicó que yo tenía vocación escénica o tal vez mucho carisma, e incluso aseveró que mi chiste era buenísimo, pero no lo pudo recordar. Desde ese momento, comencé a pensar con miedo que mi futuro era ser un clown.


La última semana me ha dejado en dudas. He estado tratando de contar el argumento de mi novela “¡KUTIMUY, GARCILASO!” casi todas las noches y ninguna vez me han dejado terminar.

El martes la Universidad Nacional de Juliaca me otorgó un doctorado honoris causa por lo que ellos consideran un aporte extraordinario a las letras de nuestra América. Lo que me parece extraordinario fueque el rector y vicerrector, Freddy Marrero y Jesús Cabel, dejarán la mágica cercanía de lago Titicaca para volar hasta la húmeda Lima y entregarme el diploma.

En esa actuación, estuvo presente Manuel Llempén, gobernador de la región La Libertad, para confirmar el acuerdo en celebración del bicentenario que me nombra “el escritor de Trujillo 2021”.

Antes, viajé a Chepén con el fin de obtener una partida de nacimiento para un trámite oficial. No sabía que me esperaban la alcaldesa María del Carmen Cubas y centenares de mis paisanos para otorgarme su simpatía y un diploma como su escritor del bicentenario.

Por fin, los arqueólogos y escritores que conforman el grupo “La huaca es poesía” me dieron esa misma semana otro diploma que me hace miembro de su institución y su representante en Europa. Ellos rinden culto a las huacas en evocación de una muy antigua forma de resistencia cultural.

He sido periodista, profesor, abogado, juez por algunos meses y, por fin, escritor todos los días desde las 5 de la mañana. Debo confesar que mi trabajo ha sido siempre indesligable de mi adhesión a la causa de los que padecen. Además, entre todos los bienes terrenales, la grandeza moral es lo que más me importa, y solo quiero ser en esta vida un hombre decente.

Y, sin embargo, sigo aterrado porque tal vez la gente me da tantos diplomas para que no insista en que lean mi novela.

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