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OPINIÓN | Eduardo González Viaña: “El hombre que resucitó”

"Sus enseñanzas ayudan a la gente a entender la mentira del poder y el robo inherente a la propiedad y a la riqueza".
31 Marzo, 2021
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Se recuerda en estos días un acto de barbarie.


Un pacífico maestro de Galilea fue condenado a recibir azotes hasta que le desollaran el cuerpo. Después, se introdujo su cabeza dentro de una corona de espinas que deberían arrancarle la piel de la frente y las sienes, y ensangrentarle todo el rostro.

Luego de ello, medio ciego por la sangre y el dolor, debió caminar dos kilómetros por la ciudad y subir a un monte mientras sostenía una pesada cruz y soportaba los escupitajos y los insultos de la turba.


Según las evidencias actuales, se le clavó por las muñecas de sus manos en el madero de la tortura. Los clavos de un centímetro de diámetro en su cabeza y de 13 a 18 centímetros de largo, fueron puestos entre el radio y los metacarpianos. Así se aseguraban de que el cuerpo no se desgarrase. Los pies también fueron fijados de esa manera. No querían que se les muriera muy pronto.

Por fin, se levantó la cruz sobre el monte y se dejó que el hombre padeciera de una cruel agonía mientras los soldados se repartían sus modestas ropas y una multitud ansiosa esperaba su muerte.

Ese hombre es mi maestro y el fundador de la fe que profeso.

Como profeta, el Nazareno proclamó un sistema contra el dinero, el poder y la explotación. En una de sus parábolas, aseguró que más fácil pasaría un camello por el ojo de una aguja a que un rico entrara en el reino de Dios.

En vez de preferir la amistad de los poderosos, el Nazareno habla especialmente a los sencillos pescadores que le sirven de apóstoles. Es el maestro de los leprosos, los enfermos, las viudas, los pecadores, los despreciados, los más pobres.

Sus enseñanzas ayudan a la gente a entender la mentira del poder y el robo inherente a la propiedad y a la riqueza. No predica la creencia en el dios del miedo y de la condenación sino en una sociedad terrestre en la que el amor vence permanentemente a la injusticia.

Por eso, el Nazareno resucitó al tercer día.

Las empresas de viajes nos venden “tours” a las playas y algunos frívolos nos desean “felices fiestas”. Sin embargo, como lo dijo el cardenal Romero: “La palabra queda, y ese es el mejor consuelo de quienes predicamos. Podrán matarnos, pero la palabra queda. Y la palabra es Cristo”. 

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