OPINIÓN | Eduardo González Viaña: Accomarca, a mitad de agosto

No te pierdas la columna de Eduardo González Viaña
17 Agosto, 2022
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El primer hombre que conoció sexualmente a Camila no fue un hombre. Fue una bestia. Y después, pasó sobre ella una pandilla de bestias.

La cargaron cuando salía de casa hacia la escuela. Media docena de criminales pasaron por encima de la niña. Después la arrastraron hacia la casa que habían destinado para las mujeres del pueblo. Camila cumplía 10 años ese día. Se encontró en el encierro con otras compañeritas que habían sufrido la misma suerte. Algunas ya estaban muertas. Los invasores arrastraban a las mujeres para violarlas y, cuando aquéllas se resistían demasiado, las acuchillaban.

En la casa dispuesta para los hombres, metieron al alcalde del pueblo y a los concejales. Los habían tenido interrogando toda la mañana”. La maestra Cecilia Cumpa fue ametrallada por un soldado bisoño A Hilario Méndez, el violinista, lo capturaron un poco más tarde. El músico estaba afinando un instrumento a puerta cerrada.

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De todas formas, el violín no ayudó mucho a Hilario. El sargento bajó al pueblo y volvió con otro soldado que no tenía tanto temor a las casas embrujadas. Abrieron la puerta de un empellón, y se llevaron al artista. Los soldados regaron con gasolina la periferia de las casas. El teniente había ordenado incendiarlas y que no quedara nadie con vida. Para estar seguro, él mismo comenzó a arrojar granadas de guerra al interior de las viviendas. Sucedió en Accomarca el 14 agosto 1985.

El teniente Telmo Hurtado continuó con su carrera en el Ejército gracias a la amnistía general que decretó el gobierno de Alberto Fujimori. Cuando la prensa recordó su pasado, ya era mayor. Frente a los jueces, dijo que su jefe, el después general José Williams Zapata, le dio la orden, y que éste la recibió del Estado Mayor de Huamanga. Fueron 69 las víctimas entre hombres, mujeres y niños.

Los periódicos hablaron y hablan de 69 campesinos, de 69 indígenas o de 69 presuntos terroristas… y esto no significa nada. Para la anestesiada opinión pública, esas calificaciones permiten que la masacre sea tan sólo un exceso olvidable. Pero los 69 eran también seres humanos e imágenes de Dios. Ocurrió durante el siglo pasado.

Sin embargo, los odios y los olvidos continúan. Creo que escribo para espantar al demonio y para que vuelva al Perú Dios, quien es perdón recíproco, reconciliación, memoria, amnistía y verdad.

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