OPINIÓN | Dennis Falvy: Diseñado y producido en china

China favorece que las empresas extranjeras fabriquen y desarrollen allí sus productos, pero no siempre permite que los comercialicen.
17 Septiembre, 2019
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Un blog de tecnología nos sentencia, y vaya que es cierto, que en poco más de una década muchos países del mundo hemos dejado de ver a China como el fabricante número uno de baratijas y productos de baja calidad para empezar a considerarlo una de las principales potencias y desarrollo.

Yendo al plano global, la decisión de Google de romper su relación comercial con Huawei, volvió a poner al gigante asiático en la mira. La atención internacional sopesa las consecuencias de su posición en el mercado tecnológico y cuestiona, de nuevo, su estrategia productiva.

Pero, ¿cómo se desarrolló China en su  actual modelo productivo?

De centrarse en una industria basada en la mano de obra barata a un modelo que prioriza el desarrollo tecnológico y el aumento inusitado de una clase media.

Por política del gobierno, a China comenzaron a llegar inversores de todo el mundo, atraídos por su extenso potencial. El país asiático cuenta, según datos recopilados por ICEX, con una superficie de 9’596,560 km cuadrados y una población de 1,382 millones de personas.

Parte de la estrategia del gobierno chino fue dejar de copiar para empezar a crear. Y a innovar. Ya en 2013, fue el país que más patentes registró, unas 600 mil.

El gobierno fomentó la creación de un entorno de innovación, venciendo las barreras del proteccionismo e introduciendo productos en un creciente mercado interno.

Diseñado por el presidente Xi Jinping, el proyecto Made in China 2015, es una hoja de ruta para el desarrollo del país. En el sector de la tecnología las start ups chinas reciben actualmente el doble de inversión de riesgo que las de toda Europa. El país es el que más patentes en ciencias de computación e inteligencia artificial genera y en él se gradúan, cada año, 30,.000 doctores STEM (de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).

En este contexto  inversores internacionales centran sus esfuerzos en los BAXT (Baidu, Alibaba, Xiaomi y Tencent), a los que accede esta población y que ganan terreno acercándose en importancia a los GAFA estadounidenses (Google, Apple, Facebook y Amazon).

Esto es gran parte de lo que ha molestado a Trump, quien le disputa la supremacía tecnológica y el liderazgo en la implantación del 5G y el manejo de las tierras raras que ya hemos comentado en anterior nota in extenso.

China favorece que las empresas extranjeras fabriquen y desarrollen allí sus productos, pero no siempre permite que los comercialicen. Todo un fenómeno a analizar y de pronóstico reservado.