OPINIÓN | Carlos Jaico: “Tribunal Constitucional: se busca tribuno”

"Luego viene el temido paso de la entrevista pública, donde el jurista corre el riesgo de ser deslucido profesionalmente".
17 Junio, 2020
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Cuentan que Diógenes de Sinope, caminaba por Atenas con su lámpara en la mano, buscando “un hombre justo”. Esa parece ser la situación cada vez que debemos elegir a los miembros del Tribunal Constitucional.

Según el artículo 201 de la Constitución Política del Perú, la elección de magistrados al Tribunal Constitucional (TC) corresponde al Congreso de la República. La importancia de la elección radica en que es el órgano supremo de interpretación y control de la Constitución, por lo se les exige autonomía e independencia, sin estar sujetos a presiones o manipulaciones.

Porque, si las hubiera, estas contaminarían la objetividad y calidad de sus resoluciones. Peor aún, nuestro edificio jurídico se vendría abajo, haciéndonos ver comouna república bananera.

El inconsciente colectivo lo sabe, y lo ha demostrado en sendas marchas a nivel nacional, teniendo su punto álgido en la cuestión de confianza que dio pie a la disolución del Congreso 2016-2019. Una primera dificultad radica en los requisitos mínimos exigidos por el artículo 147 de la Constitución. A partir de allí, se busca la idoneidad del candidato para tan importante cargo.

Por ejemplo, ¿interesa su afiliación política? En el Perú tiene una relevancia mayor pero no en Suiza, donde los jueces al Tribunal Federal son presentados por los propios partidos políticos.

Concordarán ustedes que las múltiples bancadas de la representación nacional pugnen por colocar su favorito. ¿Interesan sus opiniones sobre temas sensibles que podrían llegar al TC? Por supuesto que sí porque pondría en tela de juicio su imparcialidad.

Luego viene el temido paso de la entrevista pública, donde el jurista corre el riesgo de ser deslucido profesionalmente. Este paso ha frenado algunas vocaciones. Y en medio de todo esto, ¿cómo probar su solvencia ética, moral o trayectoria democrática? La abstracción de estos términos abre la puerta a todas las interpretaciones posibles.

Pero, el mayor problema no vendría del candidato sino de quienes lo eligen. La razón es que el Perú ha vivido momentos en los que la función política, mal practicada, significaba tener apoyos en las instancias judiciales.

Esto en previsión a futuros deberes judiciales. Sin embargo, el Perú respira aires nuevos de democracia. Por tanto, hoy, son los que eligen quienes deben contar con el perfil académico, moral y ético idóneo.

Esto debe evitar el sesgo político en la selección o la tentación de satisfacer cuotas de repartición. Si seguimos esta lógica, Diógenes de Sinope no estaría buscando candidatos. Estaría buscando aquellos que tendrían la gran responsabilidad de evaluarlos.