OPINIÓN | Carlos Jaico: “Historia y principios fundadores de la Independencia”

Más que celebrar un aniversario, nuestra mirada debe estar puesta en inferir los grandes principios fundadores de nuestra patria.
30 Julio, 2020
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Si bien es cierto que la fecha establecida para la independencia del Perú es el 28 de julio de 1821, solo fue hasta la batalla de Ayacucho de 1824 en que la obtuvimos.



Este desfase en las fechas indicaría la celebración de una independencia no culminada. La razón es que al amanecer del aniversario 199, aún quedan presupuestos y tareas pendientes por culminar.

Lo primero sería ver si hemos podido formar, a lo largo de estos años, un Perú consciente de los principios fundadores de los precursores de la Independencia.


En ese camino, así como la Revolución Francesa tuvo su base en “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, los connotados José de la Riva-Agüero y Osma, Raúl Porras Barrenechea, Jorge Basadre, Alberto Flores Galindo hasta Alfonso Quiroz procedieron a hacer “filosofía de la historia”.

Analizaron las causas y resultados de los acontecimientos, tanto como su importancia desde el punto de vista de nuestra civilización y cultura, en la búsqueda de un proyecto país.

Sin embargo, este ímpetu inicial estaría perdiendo fuerza, al disiparse nuestra historia en hechos analizados solo en su aspecto causal y mediato, diluyéndose la visión de país.

Es así que las sociedades, cuya historia se analiza desde una perspectiva vertical, ven dificultada su evolución, debido a la ausencia de los fundamentos que hicieron surgir su grito de independencia. Es allí donde asoman caudillismos y populismos, al amparo de historiadores que hacen más la “historia de la filosofía”.

De donde, al suspender la historia en el tiempo, se pierden los puentes al futuro que su estudio nos debe brindar. Esta tarea sería aún más ardua, debido a que la Constitución de 1993 adolece de un verdadero preámbulo -porque su exposición de motivos era inconfesable- o que la Constitución de 1823 habría sido un traslado de la Constitución de 1812 de España.

Entre ambos extremos, los vaivenes de la historia no han dejado vislumbrar una comunidad de intereses como país. Más que celebrar un aniversario, nuestra mirada debe estar puesta en inferir los grandes principios fundadores de nuestra patria.

La reflexión debe entonces hacer de la conmemoración, un desagravio al olvido y una enmienda a la banalidad festiva. La razón es que el lazo con nuestro patrimonio histórico y cultural, por ser fundamento de nuestra identidad, debe hoy reforzar la unidad y asegurarnos una continuidad en el tiempo como pueblo y como país. Tenemos todavía cuatro años para lograrlo.