OPINIÓN | Carlos Jaico: “El Político y el Científico”

"Bush, director de la Oficina de Investigación y Desarrollo Científico de los Estados Unidos de Norte América, respondió a una de las preguntas del presidente Franklin D".
13 Agosto, 2020
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Porque la urgencia pandémica lo exige, hoy más que nunca los científicos se ven obligados a apurar sus tiempos de investigación en aras de la productividad.



La apremiante realidad los expone a crecientes reclamos de la política y la sociedad; el sector privado –por necesidad mercantilista- y el gobierno –por necesidad de gestión- exigen resultados concretos.

Casi forzados, los hemos visto salir, tímidamente al inicio, adecuando su lenguaje a los neófitos y hablándole a una sociedad que no los conoce. Y ya es tiempo, porque su ausencia sigue generando la desinformación mediática, la cual irrumpe cada día en los hogares con su lote de populismo, trovadores de las soluciones milagrosas y bulos compartidos profusamente.


En suma, se sigue rindiendo pleitesía al pensamiento mágico, origen de los grandes males de nuestra sociedad. Max Weber ya lo anunciaba en su discurso “El Político y el Científico”, donde explicaba que los tiempos en ambos personajes son diametralmente opuestos.

Esto debido a que el primero desearía –por los apremiantes plazos electorales-, que el segundo apure y logre sus descubrimientos. Esta oposición es tan cierta que, en ausencia de científicos, ahora son los políticos y los gremios quienes saben cuándo saldrá la vacuna o, peor aún, cuándo se debe reabrir la economía, sin tomar en cuenta los altos niveles de contagio.

Pero hay otro debate de fondo: la función de la ciencia y el rol de los científicos en nuestra sociedad. ¿Quiénes y cuántos son? ¿Dónde están? ¿De qué viven? ¿Qué investigan? Esta necesidad fue explicada en 1945 por el científico Vannevar Bush, en “Ciencia, la frontera sin fin”.

Bush, director de la Oficina de Investigación y Desarrollo Científico de los Estados Unidos de Norte América, respondió a una de las preguntas del presidente Franklin D.

Roosevelt afirmando que: “sin progreso científico, ningún éxito en otras direcciones puede garantizar nuestra salud, prosperidad y seguridad como nación en un mundo moderno”.

Para Bush, se debía seguir avanzando en ciencia y tecnología para los tiempos de paz, luego de la Segunda Guerra Mundial. Ese mensaje mantiene hoy toda su vigencia, por los peligros que nos circundan como sociedad y a los cuales sólo podemos responder con ciencia.

Cercanos a la próxima década, y una vez pasada la pandemia (porque pasará de todos modos), debemos plantear un contrato social entre política y ciencia, el cual permita la presencia de científicos como elemento central en la toma de decisiones para nuestra democracia.