OPINIÓN | Carlos Jaico: “Dignidad humana y enfermería”

"Lo que importaba para ellos era cuidar la vida, tomándole la mano con gesto piadoso y humano, dándole los cuidados que necesitaba".
21 Octubre, 2021
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Corría el mes de mayo de este año, cuando un gran amigo cayó fulminado por el Covid-19. Estábamos frente a un déficit de camas UCI y por lo que me informaron, solo quedó un pequeño espacio en el Hospital Loayza para poder atenderlo. Al llegar a dicho nosocomio, la imagen fue dantesca. Las camas estaban esparcidas con los pacientes en los corredores, cual anexo a un campo de batalla. Todos aferrados a un balón de oxígeno, respirando cada sorbo de vida que sus pulmones permitía. En medio de ellos, caminaban ajetreados una veintena de enfermeros y enfermeras, llevando esperanza, trayendo medicamentos e instrumentos médicos; en medio de lamentos y gemidos, mirando con bravura al infortunio como queriendo arrancarle un respiro más a la existencia. Allí se podía palpar verdaderamente el respeto por la Dignidad humana del grupo humano formado por los enfermeros y enfermeras.


Giovanni Pico della Mirandola, nacido en Mirandola, Italia en 1463, escribió un ensayo llamado “Discurso sobre la Dignidad del hombre” (Oratio de hominis dignitate), en el cual se preguntaba sobre el origen de la dignidad del hombre. Principalmente, ¿qué es lo que hace el valor del ser humano? Y, ¿de dónde viene la valorización del ser humano? Su reflexión primera nos hacía ver que todo ser humano debe valorarse, tanto como debe ser respetado y valorado por los demás; independientemente de su posición social u origen. Mucho antes, Séneca había hecho la distinción entre el precio (pretiun) y la dignidad (dignitas). Planteaba que los bienes tienen un precio relativo, mientras que los seres humanos tienen un valor intrínseco ligado al hecho de vivir. Incluso, ser descalificado por la sociedad en tanto que sujeto y ser humano, no hace perder esta dignidad porque nos pertenece y no nos puede ser retirada. De allí que la dignidad sea inherente al ser humano, sin que se pueda perder ni sufrir graduaciones, sea cual sea el estado de salud de la persona. Porque, ¿quién sabía en ese ambiente de dolor, sobre el origen social, poder adquisitivo o nivel intelectual de este gran amigo? Quienes lo cuidaban solo sabían su nombre y patología. Eso les bastaba. Lo que importaba para ellos era cuidar la vida, tomándole la mano con gesto piadoso y humano, dándole los cuidados que necesitaba. A él lo acompañaron hasta el fin, luchando contra lo imposible. A miles más sus cuidados les han devuelto la vida.

Esa es la labor fundamental de nuestras enfermeras y enfermeros, ejemplo preclaro de la realización de la Dignidad humana.


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