OPINIÓN | Carlos Jaico: “Democracia sin ciudadanos”

"Han pasado cuatro años y no se ha visto a un político o candidato serio, participar en un debate técnico sobre algún tema de relevancia nacional".
24 Septiembre, 2020
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El sentido etimológico de la palabra Democracia, significa gobierno del pueblo. Pensar en la democracia participativa implica examinar el lugar y compromiso de los ciudadanos en la organización y gestión de los asuntos públicos. También implica analizar cuán lejos estamos del rechazo a las dictaduras u oligarquías que han tenido cierta vigencia en nuestra historia. La reflexión no es vana porque la democracia que hoy vivimos nació, hace exactamente veinte años, del rechazo de la dictadura. En esa ocasión, la ciudadanía se volcó a las calles para defender la democracia que apenas conocía, por los pocos doce años que apenas tuvo para instalarse con el autogolpe de 1992. Pero la democracia existía como un terco anhelo el cual, parece que hoy se estaría perdiendo.



Y es que, en este tiempo, la participación ciudadana languidece, dando por descontado que las autoridades electas harán bien las cosas. De allí que la tasa de participación ciudadana en las elecciones sea cada vez menor. ¿Qué sería sin la obligatoriedad del voto? Convendría también analizar el nivel de compromiso social del ciudadano. Las marchas son ahora los únicos medios de rechazo social a posturas políticas, debido a que los espacios de debate social y político son inexistentes. Y en todo este proceso, los partidos políticos están en etapa de hibernación sin movilizar al ciudadano, sin formarlos políticamente o forjar en ellos el espíritu democrático.

Atrás quedó el artículo 35 de la Constitución Política, según el cual los partidos políticos “concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular”. Así, el intercambio de ideas se ha trasladado a las redes sociales, con las limitaciones y exageraciones que se le conocen. La virtualidad ahora llega con su lote de inmediatez, haciendo que los intercambios sean efímeros y estériles. La diversión tampoco está lejos y, como en la edad media, los bufones salen con sus mejores atuendos y expresiones que los medios de comunicación exacerban y que la ciudadanía acepta con resignación. Al final, no queda rastro de nada y el ciudadano sigue en la misma ignorancia de siempre.


Y el círculo se repite. Han pasado cuatro años y no se ha visto a un político o candidato serio, participar en un debate técnico sobre algún tema de relevancia nacional.

El Bicentenario nos espera y la acción ciudadana debe avivar el seso y despertar. Porque si se duerme en democracia, lo que puede suceder es que despierte en una dictadura.