OPINIÓN | Carlos Jaico: Ciudadanía y responsabilidad política

No te pierdas la columna de Carlos Jaico, jurista internacional.
31 Marzo, 2022
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En el informe Making Politics Work for Development (2016), el Banco Mundial explicaba las fallas comunes de la organización del Estado y el fracaso de nuestras sociedades. Uno de los principales problemas sería el escaso compromiso político de los ciudadanos, tanto como su desinterés en la elección y sanción de quienes los gobiernan.

La situación que vivimos en el Perú no escaparía a este análisis. Esto debido a que muchos peruanos verían la política como una parte no esencial en sus vidas, de la cual no se puede conversar. A esto se une el continuo desprestigio que se tiene de la actividad política y de quienes la practican, al punto de hacerla un tema tabú.

La política, tal y como se practica en estos lares, ha ido cambiando nuestro contexto histórico, sin darle fundaciones duraderas. Se asume la labor política como el logro de un botín y poder, la cual se percibe desde el ángulo mediático-criminal.

De allí que nuestra sociedad, pese a que discute y marcha, ha relajado su vigilancia impidiendo encontrar al final del camino consensos y soluciones. La política, al construirse mediante el conocimiento y el uso de palabra, hace fundamental que el ciudadano se informe y debata.

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Sin embargo, estos espacios son inexistentes en la realidad peruana, al hacer que en las aulas universitarias todavía se discutan ideologías, obviando las inevitables mutaciones sociológicas. Allí aún no se ha incluido a los movimientos sociales, sindicatos y asociaciones que exigen su parte de representatividad en los gobiernos.

Esta lejanía entre ciudadanos y política nos estaría condenando a ser reactivos –no proactivos–, persistiendo en la crítica ligera, sin capacidad para avocarse a la reflexión sobre las causas del problema.

En este contexto, las tendencias de izquierda y derecha siguen oponiéndose programáticamente, buscando espacios cerrados de enfrentamiento donde se fragmentan los reclamos del ciudadano y se multiplican las ofertas. Se sabe que sería más fácil encontrar caminos de consenso, pero desde la perspectiva política peruana, el poder no se puede compartir.

Lo vemos con el resultado de las elecciones, donde el empoderado, en su escaso conocimiento y visión, optará por lo más elemental y superficial durante el tiempo que la oposición se lo permita. Y así, nuevamente el círculo de los acomodos empezará, al ser únicamente una cuestión de sobrevivencia política.

De allí que el compromiso y accionar político del ciudadano sea un imperativo, el cual debe empezar cuestionando su pasado recorrido, para conquistar su presente democrático.

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