OPINIÓN | Carlos Jaico: “Ausentismo y abstencionismo en democracia”

"Sin embargo, un alto nivel de ausentismo podría ser nefasto para democracias como la peruana, con sus incipientes veinte años".
21 Enero, 2021
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En países donde los ciudadanos no participan de manera activa en el fortalecimiento de sus partidos políticos y, por ende, en la cosa pública, la consecuencia es la ausencia de representatividad y el debilitamiento de la democracia. En democracias consolidadas, este fenómeno no tiene mayor efecto. Así por ejemplo en Francia, la tasa de participación entre la primera y segunda vuelta de las elecciones del 2017 oscilaba entre 77.77% y 74.56%. Suiza por su parte, país donde referéndums e iniciativas populares son frecuentes, la tasa de participación varía entre 54,8% y 34,4% desde 2018 hasta hoy. En ninguno de estos casos, las instituciones han perdido legitimidad. Sin embargo, un alto nivel de ausentismo podría ser nefasto para democracias como la peruana, con sus incipientes veinte años.


Así, el Perú no escapa a esta realidad, al tener un ausentismo que se muestra tanto en la afiliación a los partidos políticos como en la omisión al voto en las elecciones generales. En el primer punto, las elecciones generales del 2016 muestran que 18.20% y 19,90% de los electores no votaron en primera y segunda vuelta.

Es aquí donde empieza el malestar para nuestra democracia, debido a que al ausentismo se suma el abstencionismo, con la poca participación ciudadana en los partidos políticos. Así, según el Organismo Nacional de Procesos Electorales, el padrón de electores en el Perú es de 24,799,384. De estos, solo 1,593,697 (6.4%) están afiliados a un partido político. Esta ínfima participación política implica que, tanto candidatos como quienes los designaron al interior de sus partidos, son totalmente desconocidos para el electorado. Esto debido a que no participan en su selección y menos en la toma de decisiones a través de la democracia interna. Fomenta este alejamiento, lo poco amistosa que se ha convertido la política peruana, con su lote de corrupción y ataques que desaniman a los mejores. Al final, la competencia es entre los menos aptos. De allí el uso frecuente de las marchas y descalificativos en las redes sociales como únicos exutorios de un electorado indiferente y frustrado, que repite cada cinco años su propio círculo vicioso.


Sin embargo, hay algo que la democracia no puede hacer sola y es la construcción en democracia a través de la participación ciudadana. Y esa responsabilidad es la que le toca a todos y cada uno de los peruanos, hoy más que nunca, para no despertar en una dictadura o ser gobernado por los peores.

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