OPINIÓN | Carlos Jaico: “A votar, que llegó la hora del ciudadano”

15 Enero, 2020
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¿Por quién va a votar?, pregunté a un chofer de taxi. Movió la cabeza y lo primero que dijo fue, “la verdad no sé”. Luego agregó, “pero nunca más por fujis o apristas, aunque ahora quieren confundir presentándose en otras listas”. La conversación duró alrededor de quince minutos y el pesimismo del taxista era latente. Para él, nada iba a cambiar con esta nueva representación congresal pero, eso sí, tampoco deseaba que los disueltos regresen. Razón no le falta. A solo diez días para las elecciones, la campaña para el Congreso sigue en su punto neutro, pese a los grotescos e inverosímiles golpes de mercadotecnia de algunos candidatos. De seguir así, estaremos acudiendo a la campaña electoral más silenciosa de la década. Pero, ¿cuál es la razón para que candidatos y electorado se ignoren?


La razón principal es el inmenso desprestigio que el disuelto Congreso le ha dado a la función legislativa. Tan es así que no se les recuerda por su producción legislativa, sino por sus apodos (que tratan de aprovechar electoralmente) o contubernios con miembros de otras bancadas (para blindajes, inmunidad, vacancias, censuras, etc.). Ese daño solo podrá ser reparado con una mejor representación. Sin embargo, allí tenemos otra dificultad. Los partidos políticos no tienen semilleros que forjen (nuevos) líderes políticos. Si analizan las listas y los primeros números, salvo honrosas excepciones, figuran excongresistas disueltos, algunos candidatos trajinados y casi olvidados en política, exalcaldes que tuvieron una pésima gestión y partidarios cuya representación es tan nimia como dudosa.

Para colmarlo todo, tenemos a los candidatos de último minuto, sin labor política ni militancia alguna. Por un lado, arribistas y mitómanos de la farándula, aquellos que pululan en los medios de comunicación para desacreditar aún más la labor congresal. Por otro lado, ciudadanos –muy buenos profesionales en algunos casos– alejados de la realidad política y la construcción democrática. Aquellos que critican al político, descalificándolo en toda lengua y lugar, pero prestos a ser “invitados” en una lista congresal. Sin partidarios que los sigan, ganen o pierdan, volverán a ser comentaristas de la abstracción de sus ideas. Son estos retos los que el votante deberá superar en estas elecciones congresales.


Porque la partidocracia peruana debe renacer, empecemos por vigorizar el artículo 35 de la Constitución y la función de los partidos políticos. Esto implica también consolidar la reforma política, para que la representación democrática recaiga en manos de ciudadanos responsables de ser parte de un poder del Estado.