OPINIÓN | Borka Sattler: “Sentimiento eterno, el hogar”

"Definitivamente esto pasará, sintámonos protegidos con las normas tomadas para nuestra protección".
2 Abril, 2020
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En estos momentos de encierro, que debemos agradecer, para librarnos de ese enemigo mundial, revisando unos papeles encontré un artículo de mi autoría (publicado en el periódico de Ottawa Eco Latino ) escrito hace veinte años cuando vivía en Canadá cumpliendo un puesto cultural en nuestra embajada.



Me parece interesante trascribir un fragmento con el propósito de aprender a saborear mentalmente el dulce reino que es el hogar: “La olla de cobre, antes reluciente ahora lucía tiznada sobre el fogón de la vieja cocina a carbón y despedía el exquisito aroma a canela y piña de un dulce de camote que hervía rumoroso dentro del recipiente.

Ella, mi tía abuela, revolvía con un cucharón de palo la deliciosa mezcla exponiéndose a las incandescentes gotas que salían despedidas. Yo, aún niña, contemplaba la escena sentada en la mesa de mármol de la cocina.


La veía como siempre con sus suaves facciones y su pelo blanco recogido en un moño solamente con peinetas de carey, su falda larga y su mantón tejido a crochet. Tenía la apariencia de esas musas de los pintores impresionistas de Montmartre en París.

Ella estaba absorta y cariñosa preparando aquel manjar con todo su amor, del que hasta ahora me deleita el aroma de su recuerdo”. No tengo el perol de cobre de la tía abuela, pero en una olla común haré una sopa con lo que tenga en casa, agregando el más importante ingrediente: el amor.

Definitivamente esto pasará, sintámonos protegidos con las normas tomadas para nuestra protección. En casa hay tanto que hacer, aprovechemos el tiempo en poner orden y limpiar, lavar, cocinar y, sobre todo, leer un buen libro. Alguna costura, algún tejido, oír música, bailar.

Ver alguna película y enterarnos de noticias, el secreto es estar ocupada. Personalmente me falta el tiempo para tanta actividad, sin pensar en el encierro, pues depende de cada uno que no avance el mal. El dulce del perol de cobre de mi adorada tía abuela me hizo pensar en lo delicioso que es el hogar y en el privilegio de los que lo tenemos. Ilusión y esperanza, no salgamos de casa por nuestra integridad.