OPINIÓN | Ántero Flores- Aráoz: Vías y reflexiones

Recurrentemente escuchamos algunas afirmaciones sobre las vías de comunicación te-rrestre, que a nuestro juicio requieren de algunas reflexiones.
25 Agosto, 2019
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Por Ántero Flores- Aráoz / expresidente de la República.

Recurrentemente escuchamos algunas afirmaciones sobre las vías de comunicación te­rrestre, que a nuestro juicio requieren de algunas reflexiones.

Se dice, por ejemplo, que no de­bería haber peajes y, que en donde los hay debían eliminarse. Se men­ciona, que en caso de haber peaje debería haber vías alternas y libres. También se afirma que no deben construirse vías si es que no está ga­rantizado el tránsito.

Pues bien, respecto a los peajes, el Estado tiene entre sus obligaciones la de dotar de vías de comunicación a los ciudadanos y, ello es parte de la infraestructura que re­quiere el país. Sin embargo, el Estado no cuenta con recursos suficientes para ello, viéndose obligado a sacar a concurso con­cesiones para la construcción de la vía, con el complemento de otorgar al concesionario su manejo y con el deber de aquel de hacerle el mantenimiento conveniente.

Si queremos transitar en vías de calidad, es evidente que las tenemos que pagar con el famoso peaje, máxime cuando los recursos tributarios con los que cuenta el Estado, no alcanzan para solventar todas sus obligaciones. Notemos además que hasta en países en que los ingresos tributarios son más que su­ficientes, también existen vías con peaje.

Respecto a las vías alternas y libres, paralelas a las concesio­nadas y con pago de peaje, durante mucho tiempo ello era obligación legal hasta que la norma quedó derogada. En vías concesionadas como las de playas del sur y del norte en la ca­pital, tiene lógica la existencia de vías terrestres paralelas, pues se requieren de interconexión libre de pago los distritos colin­dantes por donde pasa la vía concesionada.

Sin embargo hay vías que no pue­den ni deben tener pistas paralelas libres, como puede ser el caso de las carreteras inter oceánicas que enlazan nuestro territorio con el de Brasil, pues una vía alterna sería tan costosa como la principal. En la práctica imposibilidad real y sumamen­te onerosa.

La última reflexión es sobre el cues­tionamiento a la construcción de de­terminadas vías, como las mencio­nadas en el párrafo anterior, bajo el entendido que, no habiendo tráfico suficiente, no había motivo para su construcción. Discrepamos respe­tuosamente de tal aseveración, pues las carreteras no solamen­te se construyen para atender el tránsito vehicular existente de personas y mercancías, sino para estimularlo y principalmente para dotar las facilidades de desarrollo que su sola existencia genera.

Recordemos también que el tráfico de mercancías que van de las costas del Pacífico a las del Atlántico y viceversa, tienen que dar la vuelta, sea por el Canal de Panamá, sea por el Cabo de Hor­nos, lo que aumenta distancias y costos. En adición, el comer­cio entre Brasil, Bolivia y Perú con los países del Sud Este Asiáti­co, tanto en ida como de vuelta, se abarataría con el transporte multimodal, en que hay trechos marítimos como carreteros.

Lo último señalado de modo alguno significa santificar el pro­ceder de algunas empresas que participaron en la construcción de las carreteras, sobre las que pesan serias sospechas de haber participado en actos de corrupción, lo que debe investigarse y, de ser el caso, sancionarse.

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