OPINIÓN | Antero Flores-Aráoz: “¡Que se las arreglen solas!”

"Uno de los sectores más afectados por la crisis económica, originada en la emergencia sanitaria a la que nos referimos, es el sector informal, el autoempleado".
11 Abril, 2020
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La epidemia, ya pandemia, es a nivel mundial, lo que ha sido reconocido por la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), cuyas recomendaciones vienen cumpliendo gran parte de los países de todos los continentes, a fin de impedir, en lo posible, la propagación del coronavirus denominado COVID 19.


Las principales acciones que se vienen tomando, además de ser severos en el aseo personal y comunal, principalmente de manos, son el confinamiento domiciliario, restricciones de circulación de vehículos, además de toque de queda.

La pandemia a que nos referimos no solamente afecta, o puede afectar, la salud de las personas, sino que, por el aislamiento domiciliario, se afecta gravemente la economía y los países vienen aplicando algunas medidas promocionales, cuando no subvenciones.


La economía se ha constreñido considerablemente, únicamente se vienen produciendo los alimentos y especialidades farmacéuticas y, los servicios, han quedado también en cierto modo restringidos.

A las empresas, que indiscutiblemente son empleadores, se les ha otorgado algunas facilidades de refinanciación de obligaciones, postergación de vencimientos, recalendarización de oportunidad para presentar declaraciones tributarias, así como también y por lo general, extensión de plazos administrativos y judiciales.

Uno de los sectores más afectados por la crisis económica, originada en la emergencia sanitaria a la que nos referimos, es el sector informal, el autoempleado, que no puede salir de sus casas e impedido de sus tareas ocupacionales/empresariales diarias, con la consecuencia de pérdida de ingresos y necesidad de subvenciones, pues no pueden solventar sus obligaciones familiares.

Entre estos grupos tenemos a los vendedores de diarios, a los limpiadores a de vehículos, a los guardianes nocturnos, a peluqueros, sastres, vendedores de pan y de golosinas, taxistas y actividamototaxistas, entre tantos otros.

Todo el mundo piensa en esos sectores como los más afectados, lo que es verdad, pero cuando se trata de ver la situación de las grandes empresas, de los famosos principales contribuyentes (PRICO), se dice que se las agencien solos, que ya verán de dónde sacan dinero para las planillas, que tienen más facilidades financieras que cualquier otro y, que bastaría con postergación de términos para el pago de obligaciones tributarias y comerciales.

Evidentemente suena bien, pero también en momentos de crisis requieren ayuda para volver a la actividad productiva, impidiendo el corte de la cadena de pagos.

Hay cierta cultura, yo diría incultura, de ver a los empresarios, sobre todo a los grandes, como “los malos de la película”, con olvido que sin ellos no hay generación de empleo y, sin este último, tampoco elevación de niveles de vida y prosperidad.

Esto no es broma, sin los empresarios no caminan los países, por lo que tenemos también que cuidar a nuestro empresariado de todos los sectores, debiendo agradecer a quienes, pese a sus actuales limitaciones, contribuyen con sus donaciones para superar la crisis de salud que está golpeando.

Me permito recordarles, lo dicho por Winston Churchill hace bastantes años, pero que mantiene vigencia: “Muchos miran al empresario como al lobo que hay que abatir; otros lo miran como a la vaca que hay que ordeñar; pero muy pocos lo miran como el caballo que tira de la carreta”. No lo olviden.