OPINIÓN | Ántero Flores-Aráoz: “Pensiones: de mal en peor”

"... se requería un remedio para el sistema, pero en lugar de ello, lo que se ha propuesto es tóxico y, en la práctica, el remedio resulta peor que la enfermedad".
7 Febrero, 2021
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El tema de las pensiones es materia de preocupación desde hace muchos años, pues de un lado los pensionistas no satisfacen con ellas sus necesidades, por ser en lo general diminutas y, por otro, el manejo de los fondos pensionarios ha sido ineficiente, por decir lo menos.



Observamos durante años y años, como el Estado metía mano a los fondos de pensiones para cubrir sus necesidades económicas y financiar algunas obras públicas y, si se devolvían los recursos de los fondos a su origen, por la inflación que fue muy severa en aquellos años, su valor adquisitivo había sufrido considerable desmedro.

Cuando en el Perú se copió los fondos privados de pensiones existentes en otros países, para competir con la ONP que administraba el fondo colectivo del Estado, hubo mucha expectativa y se crearon las AFP, siguiéndose el modelo chileno. Estas administradoras privadas de fondos de pensiones gerenciaban fondos individuales, ya no se trataba de un fondo común, sino de cuentas personales, que por un lado permitieron mejorar las pensiones y por otro lado invertían en empresas del país, lo que a su vez generaba desarrollo y oferta de puestos de trabajo.


Con el correr del tiempo se notó que las comisiones y remuneraciones a las AFP, por las tareas de manejar los fondos pensionarios individuales, eran excesivas y convenía introducir mejoras y algunas modificaciones al Sistema Pensionario. Esto lo pudieron hacer las propias AFP, pero lamentablemente ni ellas, por su miopía, ni la SBS, a la que se le encargó la supervisión de aquellas, hicieron lo necesario para poner correctivos.

La falta de correctivos, la necesidad de los aportantes de tomar posesión de sus fondos para paliar las consecuencias de la pandemia que afrontamos, motivaron que el Parlamento se interese en el tema y haya propuesto crear una entidad del Estado que integre el sistema público y el privado y, en buen romance, se ocupe de las pensiones.

Lamentablemente se requería un remedio para el sistema, pero en lugar de ello, lo que se ha propuesto es tóxico y, en la práctica, el remedio resulta peor que la enfermedad. En efecto, crear una nueva entidad estatal no es lo más apropiado, el Estado debe ser más pequeño y no más grande, además se pone en peligro la existencia de los aportes, lo que contradice disposición constitucional en el sentido que los fondos y la reserva de la seguridad social, son intangibles.

Igualmente se ha propuesto que parte de los aportes individuales vayan a un fondo solidario, llamado de riesgo compartido que, si bien suena a voz de los dioses, para los aportantes significará la reducción de sus expectativas pensionarias. Huele a expoliación de las contribuciones a los fondos individuales y, como bien recordó Fabiola Morales en su columna semanal, parecería la vuelta a las medidas que se tomaban en el gobierno de Juan Velasco Alvarado.

Antes que el cambio sustancial del sistema, se requieren ajustes que satisfagan tanto a los futuros pensionistas como a las AFP.

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