OPINIÓN | Ántero Flores-Aráoz: “Damas y caballeros”

"... dejemos que sea el pueblo el que elija, pues a estas horas de la Historia, nada tiene que ver neuronas con sexo, y las damas pueden estar orgullosas de las suyas".
24 Enero, 2021
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Durante muchísimo tiempo, hemos estado acostumbrados, al dirigirnos al público en algún auditorio, iniciar nuestro mensaje, discurso, conferencia o clase, diciendo: damas y caballeros.



En la disertación no se volvía a hacer diferencia alguna por sexo y, eso siempre fue lo usual. Empero, ahora se nos quiere obligar a que en todo tiempo y circunstancia hagamos la diferencia, que por lo demás, de acuerdo a reglas idiomáticas es innecesaria.

Si es que estamos en clase y hay participantes de ambos sexos, tendríamos que decir niñas y niños, alumnas y alumnos. Si nuestro auditorio es de miembros de las Fuerzas Armadas seguramente esperarán que digamos soldados y soldadas, marinos y marinas, avioneros y avioneras, oficiales y oficialas.


Si siempre se usaron expresiones genéricas, no vemos motivo alguno para variar tal costumbre, o quizás la pretensión de variación en estos tiempos de igualdad, también se quiera confundir la lógica y justa igualdad de derechos en ambos sexos, a la conveniencia de igualitariamente nominar a los dos.

Hay distinciones idiomáticas por ejemplo entre ingenieros e ingenieras, carpinteras y carpinteros, médicos y médicas, enfermeros y enfermeras, pero hay vocablos con terminación femenina, con los que se involucran a mujeres y hombres y, estos últimos no se enojan.

Como ejemplo de lo antes expuesto, tenemos al gremio de los periodistas que abarca a varones y damas periodistas. Que yo sepa, no hay periodistos. Igual sucede con dentistas, ya que a nadie se le ocurrirá tratar a odontólogos varones como “dentistos”. Lo mismo sucede con oftalmólogos en que se trata a los de ambos sexos como oculistas, aunque sin llamar “oculisto” al de sexo masculino. No hay varón que se ofenda por estar comprendido entre los compatriotas y no lo llamen “compatrioto”.

Si tengo una avería eléctrica, buscaré a un electricista que engloba tanto a hombres como a mujeres, pues no hay “electricisto”. Para una evaluación economicista de la pandemia que nos agobia, llamaremos a un o a una economista, pero no se nos pasará por la mente buscar a un “economisto”. A su vez, si sufrimos un asalto, lo denunciaremos al o a la polícía, ya que por más que busquemos hasta con lupa, un “policío” no lo ubicaremos.

Espero que, si me tropiezo con un idiota, no se vaya a enfadar por no tildarlo de “idioto”. En fin, son los tiempos en que vivimos, en que hay confusión de formas, pero claridad en la igualdad conceptual y de derechos entre hombres y mujeres.

Estamos llegando a situaciones francamente incomprensibles, pues mientras con legítima razón aspiramos a la igualdad de derechos de damas y caballeros, por otro lado, en el Congreso se acordó paridad y alternancia en las listas de candidatos (y candidatas para que nadie se enoje) que los partidos pretenden postular al Parlamento. Todos somos iguales, dejemos que sea el pueblo el que elija, pues a estas horas de la Historia, nada tiene que ver neuronas con sexo, y las damas pueden estar orgullosas de las suyas.

Otra cosa, hasta las finas galanterías hoy están mal vistas y, por más inocentes que sean, las confunden con acoso. Una pena.

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