OPINIÓN | Ántero Flores-Aráoz: “Acabar con el terrorismo”

"Los terroristas, además de su actividad delictiva principal, se convirtieron en fuerzas mercenarias para dar protección a los narcotraficantes...".
6 Junio, 2021
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La acción terrorista realizada últimamente en el Vizcatán, localizado en el valle entre los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM), nos lleva a algunas reflexiones.


La primera de ellas, que si bien en los primeros años de la década de los noventa del siglo pasado, se capturó, juzgó y condenó a Abimael Guzmán y sus secuaces y, se venció en armas a Sendero Luminoso y también al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, no es menos cierto que quedaron algunos pequeños grupos que siguieron sembrado el terror, en la práctica circunscritos al valle del Huallaga y al VRAEM.

Han pasado cerca de treinta años y hasta ahora no se puede terminar con la pacificación del país, pues siguen activos los remanentes a los cuales nos hemos referido en el VRAEM, pero debemos estar vigilantes para que las acciones de terror no renazcan en el Huallaga.


En el VRAEM la responsabilidad de terminar con las acciones terroristas le correspondió a la Policía Nacional, ya que había íntima conexión con el narcotráfico. Luego las Fuerzas Armadas colaboraron con la Policía en la tarea, para posteriormente compartir responsabilidades unificando comandos para la acción.

Los terroristas, además de su actividad delictiva principal, se convirtieron en fuerzas mercenarias para dar protección a los narcotraficantes, con los que luego se asociaron y por último en algunas localidades los sustituyeron como carteles de la droga. En esta última etapa se redujo el contenido ideológico de los grupos terroristas y aumentó el crematístico, como varias veces lo advertimos.

Una y mil veces se ha repetido que los grupos remanentes terroristas son pequeños, a lo cual los ciudadanos con razón nos preguntamos, ¿por qué la Policía y las Fuerzas Armadas no terminan con ellos? cuando ya van más de veinticinco años en esta situación.

La respuesta no es simple, ella tiene varios componentes. El primero es que cuando hay operaciones policiales-militares contra los remanentes terroristas, lógicamente pueden existir bajas y heridos de ambas partes, como también daños colaterales. Esto no les gusta a los gobernantes de todo pelaje, puesto que son calificados por las entidades nacionales e internacionales de Derechos Humanos, como infractores de sus reglas, cuando lo que hacen es defender a la ciudadanía y poblaciones que desean paz y progreso. Además, las bajas son en combate.

También es absolutamente real, que cuando se realizan operativos para terminar con el terror y vencer definitivamente a los terroristas y a los narcoterroristas, se inician investigaciones interminables, se acusa a los valerosos soldados y policías de todo tipo de tropelías y delitos, se les procesa judicialmente, los juicios son interminables, duran hasta décadas (ejemplo casos El Frontón y Chavín de Huántar). En el interín los actores en la “congeladora”, perdiendo oportunidades laborales y merecidos ascensos, además del daño sicológico y emocional.

Por lo señalado, mientras no haya decisión política de terminar con el flagelo y toma de conciencia en las Inspectorías, Ministerio Público, Poder Judicial y la Justicia Militar-Policial, que tienen que ser muy expeditivos en este tipo de casos, simplemente no habrá voluntad cierta de terminar con esta pesadilla.

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