Oliver Stone no olvida el primer hombre que mató en la guerra de Vietnam

Memorias del célebre director de cine reviven el infierno. Era 1968, tenía 21 años, y su batallón fue emboscada bajo una tormenta de balas en medio de la selva. 
5 Agosto, 2020
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Ya está en librerias el libro de memorias del célebre director de cine Oliver Stone, Chasing the Light (Persiguiendo la luz), quien peleó en su juventud en la guerra de Vietnam y que, desde los años 80, cuestionó al stablishment estadounidense, tanto que se convirtió primero en admirador de Fidel Castro y luego en amigo de Hugo Chávez.

El fantasma de esa guerra aún persigue a Stone y no olvida al primer hombre que mató en combate. Era 1968, tenía 21 años, y su batallón fue emboscada bajo una tormenta de balas en medio de la selva.


“No sé qué pasó por mi cabeza. Tal vez sentía frío, tal vez estaba enojado por la inutilidad de todo o tal vez solo me dolía la cabeza. Pero me paré, desactivé mi granada y la lancé a un agujero desde donde nos disparaban”, cuenta y recuerda la imagen destrozada de un hombre de su edad, mutilado. “No he dejado de ver esa imagen (…) pero no siento culpa.

Él está muerto, yo vivo. Así es como funciona”, expresa el famoso director de “Pelotón”, el primero de una trilogía de películas sobre la guerra de Vietnam que sacudió la conciencia de Estados Unidos.

Desde entonces, tiene una posición crítica al modelo estadounidense. Su libro de memorias, sin embargo, no ahonda en sus matices políticos a favor de la izquierda mundial, y da amplios trazos sobre su juventud en los 60, los excesos con las drogas y el traumático recorrido por las junglas de Vietnam y Camboya. Stone nació de un matrimonio en medio de la Segunda Guerra Mundial.

Su padre judío peleaba en el frente y su mamá era una campesina francesa muy católica. Al llegar a Estados Unidos, su padre tuvo éxito como corredor de bolsa y el pequeño Oliver tuvo una niñez privilegiada y feliz.

A los 16 años, internado en un colegio de Pensilvania, se enteró por teléfono de que sus papás se habían divorciado y de que vivían una vida de mentiras, llena de amantes y aventuras, lo que le provocó una profunda crisis de identidad.

“Si mis padres se hubiesen conocido realmente antes de casarse, nunca se habrían unido, y yo nunca hubiera existido. Mis primeros 15 años habían sido una mentira, una ilusión”, escribe en sus memorias.