Obra teatral ‘Almacenados, Segunda Llamada’ vía YouTube

Los actores Alberto Ísola y Óscar Meza, interpretarán una interesante historia. Será transmitido el domingo 24 de mayo a las 6:00 pm por el canal Centro Cultural PUCP.
22 Mayo, 2020
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Ni comedia de carcajadas ni melodrama para escurrir pañuelos, Almacenados nos sorprende con un chispazo de arte que en el 2002 ganó el premio Hermanos Machado.

En una semana Don Lino (Alberto Ísola) se jubilará de un antiguo almacén y en cinco días, además, debe enseñarle las destrezas de apilar y ordenar y mástiles a Nin, el nuevo operario que observa el pavoneo y ritualismo del veterano empleado de puntualidad astral y limpieza meticulosa.

Don Lino es una especie de ratita disciplinada que camina por un laberinto imaginario, y sus bigotito y dedos se excitan como tentáculos por cumplir con su microscópico deber, cuya rutina es ponerse el guardapolvo, sentarse, matar el tiempo, esperar la colación y volver a sentarse.

Da la impresión que don Lino, junto al teléfono, los folders, el escritorio, es un elemento decorativo más del almacén, que podría ser remplazado por un cactus.

La llegada del joven Nin moverá la historia; con las manos en las axilas, no juzga nada, observa los desplazamientos y la inmovilidad de
don Lino que parece guardarle rencor, y durante el refrigerio entre dientes a penas intercambian palabras.

En cuestión de días entre ellos se engañan, se desprecian, se hieren, como todo ser humano. El logro de la obra es cómo en sus pequeñas agresiones los personajes se ven a los ojos y descubren los mil significados que ese trabajo mineral derrama.

Don Lino se ha empernado en un quehacer que detesta; los romanos llamaron a eso «tripalium», que significa trabajo y también tortura. Los monoteístas asumieron que el odioso trabajo era una condena de Dios («ganarás el pan con el sudor de tu frente», Génesis 3:19), mientras Paul Lafargue, en El derecho a la pereza, acusó que el trabajo era una vil imposición del ciego sistema de producción en masa.

Esas interpretaciones desfilan en la obra cuando vemos que los protagonistas parecen aceptar esa labor banal, mecánica, que es la rutina, y que ésta se ha enroscado en los cuellos de los protagonistas.

Almacenados, no obstante, muestra que para don Lino el trabajo es también una actividad que, aunque minúscula, imperceptible y ridícula, le otorga un camino. La jubilación para este hombre que se pinta canas es un cronómetro que le estalla en la cara y esta revelación hará que Nin decida continuar o no con el sonido sordo de la monotonía.