Los primeros días después de la Declaración del 28 de Julio

La primera preocupación, el 29 de julio, fue estar presente en recepción de San Martín, algunas versiones señalan que este encuentro se dio en el Palacio de Osambela.
29 Julio, 2020
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El primer día del Perú independiente fue el reacomodo de la aristocracia, los hacendados y los grandes comerciantes frente al nuevo poder, encarnado en el general San Martín y su ministro de Guerra, Bernardo de Monteagudo. Los limeños que hace unos meses eran realistas, ahora eran patriotas entusiastas.

La primera gran actividad de ese 29 de Julio de 1821, fue prepararse para asistir a la fiesta ofrecida por San Martín en el viejo Palacio de los Virreyes, aunque algunas versiones señalan que este encuentro se dio en el Palacio de Osambela, que aún se yergue majestuoso como era entonces.

A esta celebración, como en la que ofreció el ayuntamiento de Lima la noche del 28, sólo asistieron los notables -con o sin título nobiliario que firmaron la declaración de independencia, acompañados de sus damas que competían por el vestido más lujoso y las joyas más caras.

En la Plaza Mayor, que durante todo el virreinato albergó al mercado de abastos, se congregaron los miles de mestizos, españoles pobres, indígenas y negros esclavos o libertos, para ver entrar y salir a los invitados.

Allí corrió el pisco y la chicha, los tragos del pueblo. San Martín y los oficiales que llegaron con él en la Expedición Libertadora -argentinos y chilenos lucieron sus uniformes de parada y bailaron hasta ver la luz del segundo día de la independencia peruana.

Parco de naturaleza y poco amigo de las fiestas y el alcohol, San Martín se retiró discretamente. Al generalísimo le preocupaba más definir quienes serían los conductores de la nueva república.

Su proyecto de instaurar una monarquía constitucional, con un rey europeo en el Perú, encontró abierta resistencia en los liberales peruanos encabezados por Sánchez Carrión.

La élite limeña, lo comprobó rápidamente San Martín, estaba preparada para conspirar, espiar y servir de intermediaria en la lucha por el poder, pero ninguno de sus integrantes tenía el liderazgo necesario ni el apoyo político y social para asumir la conducción del Perú.

Decidió entonces asumir el mando político y militar como Protector del Perú, cargo que ocupó apenas un año y dos meses, hasta que renunció el 22 de setiembre de 1822.