La vida de Marilyn siempre destiló un halo de misterio

Un fotógrafo regaló licor a trabajadores de morgue para hacerle la última toma.
19 Agosto, 2019
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El 5 de agosto de 1962, Eunice Murray, la asistente de Marilyn Monroe, llamó a las autoridades y contó que había encontrado a la actriz inerte en su mansión de Los Ángeles. Al menos, eso cuenta la versión oficial.

Desnuda, de costado y con golpes y moretones, el cadáver de la eterna sex symbol yacía en medio de una escena que había sido claramente alterada. Su vida siempre destiló un halo de misterio, pero aún más lo hizo su muerte.

Envuelto en conspiraciones, delirios, contradicciones, secretos y testimonios insólitos –y a veces inverosímiles…–, el relato certero de lo que ocurrió aquel día quizás nunca llegue a conocerse.

Aquella fatídica noche, mientras crecía la expectación en el opulento vecindario, el cuerpo de la actriz fue trasladado a la morgue. Le asignaron el número de cadáver 81828 y la conservaron en la cámara número 33.

Solo horas después, cuando la noticia ya saltaba vertiginosamente de una redacción a otra, un fotógrafo sagaz se acercó a la casa funeraria. Después de ganarse a los empleados con varios shots de whisky, Leigh Wiener se deslizó por los pasillos de la morgue, y consiguió que sus improvisados amigos le abrieran la cámara. En cuestión de minutos se halló frente al cadáver de la etérea actriz. Y aunque entonces tomó cinco rollos de fotografías, solo tres salieron a la luz. Nunca se supo dónde guardó los royos.