“Hicimos el túnel a mano”, relatan los mineros de Chavín de Huantar

A 22 años del rescate de 72 rehenes de la embajada de Japón, los mineros cuentan todo lo que pasaron. Temían que terroristas oyeran sus herramientas.
21 Abril, 2019
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Prácticamente a mano y con mucho silencio, así trabajaban esos héroes olvidados que fueron convocados para construir el túnel que permitiría la exitosa operación “Chavín de Huántar”. Eran los 24 mineros que trabajaban las 24 horas al día para lograr rescatar a los rehenes que permanecían en la residencia de la embajada de Japón a manos de terroristas del MRTA.



Después de permanecer 22 años en el anonimato con un prudente silencio –como fue su trabajo aquellos aciagos días-, dos de los mineros Nemesio Aliaga y Máximo Haylas,  quienes construyeron los túneles, salieron a contar sus más grandes secretos en exclusiva para el Diario Exitosa.

“Nosotros sacrificamos nuestras vidas. Escuchábamos a los terroristas que jugaban a la pelota, cantaban su himno y hasta lo que ellos estornudaban. Trabajamos con temor, pero igual teníamos que cumplir el encargo”, recordó Nemesio Aliaga, ahora con 60 años de edad.


A mano limpia

Aliaga contó que los 24 mineros trabajaban las 24 horas al día, repartiéndose en tres turnos, para poder avanzar de metro en metro en cavar en esa tierra, pero en silencio. “Si utilizábamos el pico o la lampa, íbamos a ser descubiertos”, recuerda después de 22 años. “Recogíamos el arenal, lo hacíamos con la mano. Todo se trabajaba con delicadeza y en silencio”, añade.

Pero, el sacrificio de su labor no fue recompensada, ni durante ni después del rescate que fue tan alabada a nivel nacional e internacional.

“Nos servían  un vaso de quaker, con un pan con huevo. Ese era el desayuno. El almuerzo era un táper con su refresco, más un plátano. Dormíamos en colchones, en una casa que se encontraba alrededor de la embajada”, dijo.

Les mintieron

Ambos obreros nos contaron que el general Nicolás di Bari Hermoza Ríos y el ex asesor presidencial, Vladimiro Montesinos los obligaron bajo amenaza que trabajen con el proyecto, porque si no lo hacían podían perder su puesto de trabajo en Centromin.

“Ustedes ya no van a estar en el Perú. Se van a ir con toda su familia al Japón. Allá les van a dar casas, su carro y una pensión vitalicia con qué vivir. Por eso nos arriesgamos, porque ellos se comprometieron, pero fue otra la situación”, contó Aliaga.

Luego de culminada la labor, los 24 obreros quisieron retornar a sus hogares, con los ofrecimientos que les prometieron, pero no fue así. Las autoridades, la empresa Centromin, la población y hasta su propia familia, les dieron la espalda porque creyeron que habían recibido todos los honores del Estado.

Labor más sorprendente

Máximo Haylas  fue el encargado de contarnos cómo, junto a sus 24 compañeros, pudieron realizar bajo temor y presión, una de las obras más importantes que sirvió para la libertad de 72 rehenes cautivos del grupo terrorista del MRTA.

“Colocamos ventiladores, luces con fluorescentes,  hicimos un pasadizo como para una vivienda con alfombra plastificada. Sacamos las instalaciones eléctricas de la misma casa, y por el subterráneo, teníamos que bajar unos tres metros. El terreno era muy suelto, un arenal. Como conocíamos de minería, era fácil de controlar”, comentó.

Añadió que la construcción de los túneles, tenían varias salidas como chimeneas, para que los comandos tuvieran la facilidad de salir por los diferentes puntos para atacar a los terroristas.

Ruidos en el piso

“Como era cascajo, sonaba… los terroristas  denunciaron que habían ruidos en el piso, y que estaban haciendo un túnel, por eso colocábamos hasta frazadas  para que no suenen las rocas que se caían en el suelo” precisó Haylas. Pese a todo el operativo fue un éxito.