Familias venezolanas enteras invaden la ciudad de Trujillo para sobrevivir a la pandemia

Calles empañadas por el comercio ambulatorio, práctica casi obligatoria de muchos extranjeros al momento de pisar nuestra tierra.
5 Julio, 2020
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Ningún hijo de Bolívar imaginó padecer en carne propia el drama de mendigar por un plato de comida, en la ciudad Trujillo y en plena pandemia mundial. La obligación de saciar el hambre a cualquier costo divide el orgullo de la dignidad. Un gran porcentaje de venezolanos está bastante afectado pues la fuerte caída de la economía global y peruana les ha jugado una mala pasada.

A los 112 días del estado de emergencia, su realidad es una maldición. Carlos Lovera y David Sejo son inmigrantes y caminantes ‘llaneros’, quienes llegaron desde Ica con sus pequeños hijos buscando algún rincón, en pleno centro histórico de Trujillo. Cada día con vida, es una nueva oportunidad para ellos.

“Como andamos solos con los bebés, no tenemos quien nos lo cuide, quien nos lo tenga, para salir a buscar el empleo ya que están reactivando la economía. Vender caramelos, chupetines, para así conseguir la comida del día”, señaló.

Actualmente, en la ciudad de la Eterna Primavera se ha hecho costumbre ver las calles empañadas por el comercio ambulatorio, práctica casi obligatoria de muchos extranjeros al momento de pisar nuestra tierra. Es que la necesidad puede más. El día los abruma y se olvidan – casi a propósito – de la existencia del mortal coronavirus, el asesino silencioso e invisible que puede disfrazarse de un abrazo y un beso, hasta de un inusual saludo.

Jani, madre de 4 hijos, vive este calvario a diario. “La situación no está evolucionando bien. Aquí tenemos que luchar para poder vender y si no vendemos, te podrás imaginar. Es más crítico para nosotros. Si no vendemos, no podemos comer. Para enviar dinero a Venezuela, tengo que quitar muchas cosas aquí: reducción de comida, de gastos, de todo”, lamentó.

Además remarcó así que como se siente ella, así se sienten todos estamos pasando por la misma situación. Son familias enteras, que desde los últimos tres meses, recorren los jirones históricos esperanzados en recibir algunas moneadas que les ayude a salvar el día. Romel, padre de 5 niños, padece cruda realidad.

“Una señora nos dio una bolsita de comida, pero no tenemos nada. A tus hijos les quieres dar todo, pero esta pandemia no se la esperaba nadie. Venimos aquí para un futuro bueno y sucedió esto. Buscando en la calle, cualquier apoyo y no las buscamos como sea”, manifestó.

Luis Lozada y su esposa, en menos de dos meses, están a punto de ser padres y duermen en una modesta habitación. La futura madre no prefiere atenderse en el hospital ante el riesgo de contagiarse de covid-19. “No es fácil. Me faltan dos meses para ser papá. Le pedimos al presidente Martín Vizcarra – de corazón- que nos ayude, por favor. Todos somos seres humanos, a pesar de que varios venezolanos han hecho cosas malas en este país, todos no somos iguales”, finalizaron apenados esposos.

Son más de 80 mil inmigrantes que forman parte de la población de la región liberteña.