El tesoro de Kafka que debió ser quemado pero que su amigo salvó

La novela 'El proceso' no debió ver la luz, pero Max Brod desoyó el pedido del autor judío. Ahora los escritos se pueden consultar a través de Internet.
5 Junio, 2021
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En la vida, como en la muerte, puede dar motivo para construir grandes historias y de eso quizá pudo anticiparse el escritor judío Franz Kafka antes de morir en junio del 1924, justo hace 97 años. Gravemente enfermo por tuberculosis el autor judío encargó a su amigo a destruir todo vestigio de sus novelas, dibujos y manuscritos que escribió en su corta vida.


Max Brod, amigo del autor de ‘La metamorfosis’, esa novela corta que revolucionó la forma de contar una historia, tenía ese encargo de quemar todos esos papeles que le fueron encargados. Sin embargo, este no le hizo caso y comenzó a publicar el material.

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Obligado a escapar de Checoslovaquia, en 1939, debido a la invasión nazi, Brod llevó consigo los documentos a Israel.

Brod no solo no los quemó, sino que los conservó y además comenzó paulatinamente a publicar algunos de esos escritos. Por ejemplo, la clásica novela ‘El proceso’, vio la luz en 1925, pese a estar inconclusa. Brod escapó a Tel Aviv, y junto a su secretaria, Esther Hoffe, mantuvo los papeles, y continuó publicando las obras de su célebre amigo.

La Biblioteca Nacional de Israel acaba de inaugurar un apartado en su web donde se pueden consultar los documentos. “Hay unos 120 dibujos, más de 200 cartas dirigidas al escritor Max Brod, [entre ellas] el original de su testamento literario en el que pedía a su amigo que quemase todos sus escritos”, explica Stefan Litt, conservador a cargo de este proyecto.

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Poco antes de su muerte, en 1968, Max Brod encargó a Hoffe que se asegurara de que los papeles de Kafka llegaran a la Biblioteca Nacional de Israel, pero los mantuvo para sí e incluso vendió el manuscrito original de El proceso por USD 2 millones en 1988. Después de esto Israel inició una batalla legal para que se cumpliera la voluntad de Brod. Al final al ir en búsqueda de esos valiosos vestigios los encontró en un departamento habitado por gatos que dañaron la colección.