El Perú rinde homenaje hoy a Miguel Grau Seminario

Hoy a las 9:50 de la mañana, como todos los 8 de octubre, los peruanos recordamos con orgullo al más grande héroe de la Patria, don Miguel Grau Seminario.
8 Octubre, 2020
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Hoy a las 9:50 de la mañana, como todos los 8 de octubre, los peruanos recordamos con orgullo al más grande héroe de la Patria, don Miguel Grau Seminario, quien murió gallardamente al mando del glorioso monitor Huáscar en la gesta de Angamos, enfrentando a un enemigo que lo triplicaba en poder de fuego.


La valentía de Grau, pero ante todo, su forma humanitaria de afrontar la guerra, lo han convertido en un paradigma y un referente histórico, en el Perú y el mundo, incluido Chile, el país enemigo en la infausta Guerra del Salitre y que es el primero en reconocer el enorme valor moral y militar del Gran Almirante.

Grau se hizo mundialmente famoso tras rescatar a las decenas de marineros de la corbeta Esmeralda, que se ahogaban tras el combate de Iquique, aquel 21 de mayo de 1879. No sólo salvó a esos infelices que gritaron “viva el Perú generoso” en la cubierta del Huáscar, también devolvió la espada de Arturo Prat a su viuda, doña Carmela Carvajal.


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Solo estos dos hechos bastan para pintar a un héroe militar distinto, por encima de los guerreros navales de la historia. El historiador José de la Puente alguna vez dijo que buscaba un antecedente de un almirante que haya mandado recoger a los marinos enemigos del mar y parece que sólo Grau tuvo esa virtud.

Durante su azarosa campaña naval de seis meses hay otros ejemplos que tampoco se borran de la memoria peruana y chilena, como el negarse a bombardear poblaciones y blancos civiles, o advertir a la tripulación del transporte Matias Cousiño que abandone el barco porque iba a ser echado a pique.

Grau y el Huáscar sostuvieron durante seis meses a la escuadra chilena y retrasaron la invasión terrestre. Sus correrías hicieron caer un gabinete ministerial en Chile, con la captura del vapor Rímac y desde que se inició la campaña en abril, solo una vez volvió al Callao, en julio, para someter el Huáscar a reparaciones.

Entonces fue homenajeado en el Club de la Unión y cuando le tocó hablar, agradeció el convite y con la transparencia del hombre que sabe su destino afirmó: “Si el Huáscar no vuelve victorioso, yo tampoco volveré”. Esta advertencia la cumplió el 8 de octubre de ese año, al entregar su vida y dejarnos una lección de heroísmo y compromiso con la patria que no podemos olvidar.