EDITORIAL EXITOSA | El escándalo en la Sunedu amenaza manchar a Vizcarra

¿es el Perú una nación libre de corrupción? Nadie en su sano juicio puede hacer esa afirmación, excepto el pintor de brocha gorda...
19 Junio, 2020
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En las paredes de distintos barrios populares de la Gran Lima ha comenzado a aparecer pintas en las que le agradecen al presidente Martín Vizcarra directamente por haber logrado “un Perú sin corrupción”.



Pero, ¿es el Perú una nación libre de corrupción?
Nadie en su sano juicio puede hacer esa afirmación, excepto el pintor de brocha gorda que no ha encontrado mejor manera de defender al jefe de Estado de los ataques redoblados de los últimos días que le exigen que deje el gobierno y que convoque ahora mismo a elecciones.

Vizcarra es acusado de dos cosas: de haber fracasado en la lucha contra el coronavirus y de mantener alianza con los raleados sectores comunistas, para permitirles hacer lo que quieran, como propalar una película acerca del exguerrillero, pero también ex constituyente, Hugo Blanco, anciano ahora radicado en Europa.


Dicen muy poco, y solo de pasada, de los negociados que desde algunas instituciones del Estado y de poderosos oligopolios se vienen destapando en relación con los medicamentos, y productos relacionados con la pandemia, ante la indignación de los peruanos.

Tampoco se refieren mucho, estos defensores de la patria, a los destapes que en voz baja se vienen haciendo, menos en este Diario que no tranza con los corruptos, en un sector que se creía liberado de los saqueos a que nos tenían acostumbrados los pequeños jerarcas que se llenaban descaradamente aprovechando las falencias del sector publico: la educación.

Para todos los peruanos, o casi todos, la Sunedu, Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria, organismo técnico especializado adscrito al Ministerio de Educación, con autonomía técnica, funcional, administrativa, económica y financiera, había iniciado una nueva etapa en la vida universitaria.

Su exjefe Martín Benavides Abanto estaba limpiando, según lo que se decía, este importantísimo rubro, poniendo orden y sobre todo limpiando las universidades, muchas de ellas indignas de llevar ese nombre, por carecer de locales, profesores de calidad, bibliotecas y laboratorios, entre otros elementos básicos para la formación profesional de sus alumnos.

Sin embargo, como suele ocurrir en el Perú, de pronto ha estallado una bomba que ha removido no solo al sector sino al mismo gobierno, amenazando salpicar al Presidente. Benavides Abanto, ahora con planes de meterse en el negocio de los colegios privados, para autorizar a algunos y cerrar otros, había hecho de las suyas en la Sunedu.

Dos perlas han estallado casi al mismo tiempo.

1.Haber autorizado o dado licenciamiento para funcionar a la Universidad Privada Peruana Alemana (UPAL), que aún no abre sus puertas, pese a que le permitió́ ilegalmente que solo abriera dos aulas, al recortarle el número inicial de 5 carreras profesionales a solamente 2.

2.Y haber licenciado para que también funcionen a 6 filiales de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP), en 6 regiones del país, sin que tenga aún sus respectivos locales, porque están en construcción.

Si a otras universidades les exigía y hasta había cerrado por no tener instalaciones de agua o canchitas de fútbol, en este caso ambas universidades existían solamente en el papel. Si estos dos destapes, recién conocidos, han causado tanto escándalo en los medios, no solo educativos sino políticos y empresariales, aparte de los fiscales y judiciales, ¿cómo es que el presidente Vizcarra, a quien se le agradece en las paredes por “un Perú́ sin corrupción”, no mete tijera para cortar este nuevo escándalo que le puede complicar su gobierno? Si como dicen los expertos, en este tipo de casos hay que seguir la ruta del dinero, el caso se complica más. Las dos universidades tienen dueños poderosos. La UPAL pertenece al Grupo El Comercio. Y la UTP al riquísimo Grupo Intercorp, del multimillonario Carlos
Rodríguez Pastor.

Lo que puede hacer de este caso un nuevo motivo para convertir en piñata la figura presidencial, no solo es que continúe el ministro Bustamante, elevado al cargo por su performance en la Sunedu, donde se ha descubierto que tenía pies de barro, sino la aparición de otra figura que se esmera por aparecer en los medios y tener vigencia en la política: el congresista Gino Costa Santolalla.

Costa se ha preocupado de armar redes. Influyó para que su esposa Fabiola León Velarde Servetto, exrectora de la Universidad Cayetano Heredia, presidiera Concytec, nombrada por Fernando Zavala Lombardi, cuando era presidente del Consejo de Ministros, en el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski.

Zavala es ahora director gerente de Intercorp, y Fabiola León Velarde, designada en Concytec, integra el comité directivo de la Sunedu.

Pero, eso no es todo. El actual jefe del Sunedu, Oswaldo Delfín Zegarra Rojas, nombrado por el cuestionado ministro Benavides, también ha sido rector de la Universidad Cayetano Heredia, luego de que dejara ese cargo la esposa de Gino Costa.

Allí no termina todo. La hermana de Costa, Rosa María Costa Santolalla, es esposa de Ramón Barúa Alzamora. ¿Y quién este personaje?: director gerente del Grupo Intercorp, dueño de la UTP.Es decir, todo en familia y entre amigotes. Un rompecabezas que una vez armado muestra una figura muy clarita: favoritismo, manejo parcializado, respaldo descarado, vista gorda ante grupos poderosos. Y si esto no es corrupción, ¿qué nombre le ponemos?

Esther Capuñay