EDITORIAL EXITOSA I Los gritos de la protesta tienen que ser escuchados

En el Perú ya tuvimos el siglo pasado un baño de sangre originado por las mismas causas de injusticia. Arriba nadie aprende. Nadie escucha.
24 Julio, 2020
https://exitosanoticias.pe/v1/wp-content/uploads/2020/07/twitter.png

El premier Pedro Cateriano, que no es quien define la política del gobierno, sino el presidente Martín Vizcarra, dicho el miércoles en rueda de prensa que 3 son sus objetivos para esta etapa que concluye el próximo julio. Si el Congreso lo permite, claro. En este orden: la pandemia, reactivar la economía y vigilar las elecciones generales de abril.



También puedes leer: EDITORIAL EXITOSA I Lucha contra la banca abusiva recién comienza

¿Y el millón de empleos, y los desocupados, y las micro, pequeñas y medianas empresas que no han recibido nada del programa Reactiva Perú, y los desplazados, y los endeudados con la banca usurera que ayer salieron a las calles en todo el Perú?


Los bulliciosos gritos y cacerolazos, demandando diálogo, articulados y difundidos desde el Perú profundo y en solitario por este Grupo de diarios, radio, tv, paneles y redes, fueron escuchados en todo el Perú, menos por los denunciados.

Julio Velarde, presidente del Banco Central de Reserva, que salió a exhortar a los usureros para que reduzcan y hasta condonen las deudas de sus clientes, ha sido ninguneado.

¿Y la clase política? ¿Y la gran prensa? ¿Y la oposición?

En otro mundo. Husmeando la posibilidad de ganarse alguito con la pandemia y ser amos del próximo gobierno, donde habrá más plata.

Sin embargo, los millones de luchadores se han venido curtiendo en estos enfrentamientos. Desde que llegaron los blancos, como dice la canción Cholo soy, compuesta en ArgentinaSaben que la lucha es larga y que el triunfo será suyo.

La comenzaron los nativos cuando tuvieron que escalar a las alturas y construir maravillas como Machu Picchu y Choquequirao, entre muchísimas otras menores.

Aprendieron a convivir con el ninguneo, construyendo sus propias y sólidas instancias de producción y de comercio, como Gamarra. Los conflictos han surgido cada vez que estas dos partes de la fractura nacional han tenido que encontrarse, en disputas o negociaciones.

Como ahora. Con el Estado inoperante y corrupto. Con políticos insensibles y coimeros. Con la banca y otros patrones usureros e insaciables.

Otro foco de lucha surgió cuando los blanquitos descubrieron que allá, arriba, a donde muchos se habían refugiado, existen mares de riquísimos minerales.

El nuevo objetivo de la patria cambió: había que sacarlos de allí. En el Perú ya tuvimos el siglo pasado un baño de sangre originado por las mismas causas de injusticia. Arriba nadie aprende. Nadie escucha.

Dos países. Con escasos puentes y esporádicos diálogos. El nuevo premier ha hablado con muchos, menos con ellos.

Si en el mundo se está produciendo el traslado del centro de la tecnología y la producción de occidente a oriente, claro que con duros enfrentamientos; en muchas sociedades exclusivistas como esta, el poder está pasando de los blanquitos a los mestizos.

Los emprendedores se están reproduciendo como el carrizo luego de la lluvia en todos los campos de la economía y la comunicación nacional.

Esta transferencia, similar en casi toda América Latina, también es y viene siendo dolorosa. Por su base de exclusión.

Waldo Mendoza, Cristina Mazzeo, Carlos Contreras y Sinesio López (ninguno rojo) han publicado no hace mucho el libro “La desigualdad de ingresos en el Perú”, donde analizan la situación.

Sostienen que el Perú además de haber logrado los mejores resultados en reducción de pobreza e inflación, que lidera el crecimiento económico en América Latina, “sigue siendo profundamente desigual según cifras de la distribución del ingreso”.

Después de más de 100 días de emergencia por el virus la situación ha empeorado. Somos sin duda tan pobres como el fin de siglo pasado: más de 4 millones sin trabajo, millones de jóvenes sin estudiar ni trabajar, negocios paralizados y en quiebra, miles de miles regresados a sus pueblos.

¡Basta ya!: la protesta ha comenzado y se volverá imparable.