EDITORIAL EXITOSA I El virus, la crisis y los bancos golpean al Perú

Saga Falabella presta en su país a menos usura que aquí. La diferencia es que allá el Estado no se hace el neutro e impide los asaltos.
13 Julio, 2020
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El Perú ha tenido la mala suerte de verse convertido en uno de los pocos países más duramente golpeados por la pandemia y por su consecuente crisis económica. Es posible que nunca sepamos el número de muertos, pero lo que sí sabemos es que millones de peruanos están desesperados por la quiebra o el disparo de sus deudas.



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Este supuesto próspero Estado, con miles de millones de dólares depositados en bancos extranjeros, que solicitaba ingresar al poderoso y rico grupo de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, ahora ha mostrado sus verdaderas bases: corrupción y pobreza en ayuda pública.


La pandemia nos ha convertido de la noche a la mañana en más pobres a la gran mayoría, a los que trabajan, a los que luchan con sus empresas, a los que recurren a las sociedades modernas y a la banca para conseguir capital y seguir arriesgando, pero no a los dueños de los bancos.

Esos personajes, por coincidencia dueños de las farmacias, clínicas. AFPs y otros negocios colaterales, todos súper rentables, son los más beneficiados en complicidad con las autoridades e instituciones encargadas de vigilarlos.

En este ambiente de zozobra, dos comisiones del Congreso (Economía y Defensa del consumidor) han aprobado dos proyectos inservibles presentados como favorables a los millones de usuarios. La Asociación de Bancos ha salido a rechazarlos, para hacer creer que la perjudican. Tal como han sido aprobados, postergando el cobro no hasta el año entrante sino por 120 días, y sin posponer ni prorratear los intereses en los próximos 4 o 5 años, hacen sospechar que el juego ha sido en pared.

Si los congresistas temen chocar con la banca, que por lo menos se atrevan a aprobar mañana mismo una ley contra la usura. Con la misma urgencia con la que perjudicaron a instituciones claves y prorrogaron su inmunidad. El Perú necesita leyes que pongan límites a la tasa de intereses, que no debe ser más de 2 veces lo prestado.

De esa manera podemos constatar que algunas empresas chilenas, como Saga Falabella, prestan en su país a menos usura que aquí. La diferencia es que allá el Estado no se hace el neutro e impide los asaltos.

Es que la llamada banca peruana, que recurre al dinero de sus propias víctimas, depositados para recibir intereses ridículos, hace lo que le da la gana. Cobra intereses de más del 100%, utilizando 9 de cada 10 soles de los ahorristas. El diferencial es escandaloso.

Los usuarios, fieles cumplidores de sus compromisos durante la normalidad, se han visto sumergidos, de golpe y porrazo, en esta desgracia, con tan escasa atención gubernamental que tendrán que reclamar por diversas vías, como la Asociación de Deudores que preside Tino Santander.

Los banqueros, los políticos y el enmudecido gobierno, enredados en las próximas y tal vez caóticas elecciones, son tan ciegos que no perciben que la situación puede estallar en cualquier momento. 

Los dueños de los bancos, glotones del afán de lucro, no se compadecen de sus socios ahora en desgracia. La ley del embudo. Aplican un capitalismo diseñado por ellos mismos, con un mercado distorsionado para salir ganando siempre.

Las micro, pequeñas y medianas empresas necesitan más competencia entre bancos. Que vengan de otros países a ofrecer los intereses normales en el mundo y no estos descarados. Reclaman con urgencia capital de riesgo para transformarse y superar la espantosa caída. En suma, ayuda para volver a producir y dar trabajo. No es mucho pedir.

Esther Capuñay