Diez años sin Ernesto Sábato, el físico que abrazó la literatura

"Por la mañana me sepultaba entre electrómetros y probetas, y anochecía en los bares, con los delirantes surrealistas", contaba el escritor.
2 Mayo, 2021
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Hace más de diez años que Ernesto Sábato partió a la eternidad. El autor de ‘El túnel’, ‘Sobre héroes y tumbas’, y ‘Abaddón el exterminador’ murió un 30 de abril de 2011. Era ensayista, novelista, físico y pintor argentino, e inspirador de una generación de escritores.



Era un hombre entre el arte y la ciencia, la resistencia y la oscuridad. Fue luego de años de estudios e investigación, dejó la física para dedicarse a la literatura. Escribió libros fundamentales de la narrativa argentina y se convirtió en un escritor e intelectual que recibía halagos y críticas por sus posiciones políticas.

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Para varias generaciones, su gran libro es ‘El túnel’ la que ninguna editorial quería publicarla. Consiguió el préstamo de un amigo suyo, Alfredo Weiss, y finalmente se publicó en la editorial de Ocampo, Sur, en 1948. Es una novela psicológica, también existencialista, que fue celebrada en su época pero también y en las décadas siguientes se metió en el canon argentino de una forma insoslayable: durante años se leyó en las escuelas.

Lo primero que vuelve a Sábato un escritor interesante, distinto, es su salto de la Física a la Literatura, ambas disciplinas con mayúscula. Cuando terminó la primaria en Rojas, en 1924, partió a La Plata, al Colegio Nacional. Cinco años después ingresó en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad Nacional de La Plata donde obtuvo el Doctorado en Ciencias Físicas y Matemáticas en el 37.

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Luego, con el apoyo de Bernardo Houssay, consiguió una beca para estudiar en París. Ahí entró en contacto con el movimiento surrealista y la literatura se impuso. “Por la mañana me sepultaba entre electrómetros y probetas, y anochecía en los bares, con los delirantes surrealistas”, cuenta en Antes del fin.

Tenía 99 años —55 días más y alcanzaba la edad centenaria— cuando murió. No hubo ceremonia en el Congreso de la Nación. Lo despidieron en el club Defensores de Santos Lugares. Al fin de cuentas era un escritor. Simplemente un escritor.