OPINIÓN | Hugo Salas: “A propósito de la COP26. El Perú y el desastre climático (Parte 2)”

"No es casualidad que Chile y Colombia estén avanzando en estos logros internacionales pues –a diferencia de nosotros– ya son parte de la OCDE".
8 Noviembre, 2021
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Ante la inminencia climática, al Perú solo le cabe desarrollar proyectos urgentes de adaptación al daño ya existente, de mitigación ante peligros previsibles y fortalecimiento de resiliencias sociales. Proyectos concretos y viables, por ejemplo, de protección de bosques y humedales (Colombia ha reforestado, solo en el 2020, 60 millones de árboles) y optimización de la pequeña agricultura recurriendo a financiamientos como del GCF (Fondo verde Climático) del cual ya reciben apoyo países como Chile y Colombia o del Fondo para el Carbono de los Bosques del Banco Mundial, como lo hace República Dominicana. No es casualidad que Chile y Colombia estén avanzando en estos logros internacionales pues –a diferencia de nosotros– ya son parte de la OCDE.

En una paradoja digna de la especie Sapiens, al calentamiento global generador de los GEI no lo pueden detener aquellos países que son sus grandes generadores, pues eso impediría su crecimiento económico traducido en la incorporación incontenible de cientos de millones de pobladores rurales hacia nuevas ciudades: la gigantesca industria de la construcción –cemento, acero, vidrio y plástico– genera más del 30 % de gases de efecto invernadero, la producción de electricidad otro tanto, los fertilizantes agrícolas y especialmente la industria de la carne –amén de connotaciones éticas– originan más del 20 % del total, el transporte – aviones, barcos, automóviles– un 16 %. La obvia lectura de esta realidad es que la utilización de recursos contaminantes como el carbón, gas natural o petróleo para obtener la electricidad necesaria para el desarrollo, seguirá in crescendo (antes del 2050 se duplicará la demanda mundial), hasta que se pueda lograr ¿en los próximos decenios? tecnologías limpias y baratas basadas en recursos renovables neutros como la energía eólica –terrestre y marina– la solar acumulable y sobre todo en la fusión nuclear.

Pero si el mundo continúa en la creencia farisea de que existe un planeta B y no se logra concretar decisiones políticas, compromisos empresariales vinculantes e inversiones cuantiosas en ciencia y tecnología climática, reuniones como la COP26 quedarán como un punto más de una agotada agenda de buenas intenciones.

Mientras tanto, ese “demasiado tarde para hacer lo que debimos hacer…”, presagiado hace 28 años, está cada vez más cerca y tiene ya un nombre: ‘La sexta extinción’.