Tracy Chapman: Canciones urgentes

Tracy Chapman es una notable carta de presentación donde su profunda sensibilidad social confluye con un elevado nivel de inspiración musical.
Tracy Chapman: Canciones urgentes

En tiempos de feminicidios y marchas por la vida, la opinión pública suele olvidarse de lo que debería ser el centro de la atención en este profundo problema social: lo que sufren las mujeres víctimas de abuso, desde la socialmente aceptada publicidad sexista hasta las relaciones laborales, amicales y familiares que van del sutil e imperceptible coqueteo al acoso y violación de naturaleza criminal.

A finales de los ochenta hubo una trovadora que, influenciada por una tradición de cantautoras de décadas anteriores, que incluye nombres como Joan Baez, Joni Mitchell, Joan Armatrading, entre otras, dedicó su primer álbum, lanzado en 1988, a exponer con inteligencia y cruda poética situaciones de maltrato femenino que hoy están más vigentes que nunca.

Tracy Chapman (Cleveland, 1964) se convirtió en el último baluarte de la conciencia social afroamericana en términos musicales, en un momento en que todo lo negro era asociado única y exclusivamente a “música para bailar y seducir”, representada por el naciente rap, el reinado pop de Michael Jackson y las viejas glorias del soul y el R&B; y que se iría deteriorando hasta la aparición de cantantes egocéntricas, superficiales y glamorosas tipo Mariah Carey, Beyoncé o Rihanna.

Sensibilidad social

Tracy Chapman  es una notable carta de presentación donde su profunda sensibilidad social confluye con un elevado nivel de inspiración musical. Los principales temas de sus composiciones, escritas a manera de relatos emocionales de nivel personal, son las injusticias de la sociedad consumista y el abuso contra la mujer. Gracias a la contundencia de sus mensajes, Tracy Chapman se convirtió, a los 24 años, en parte del elenco de los conciertos organizados por Amnistía Internacional, junto a estrellas consagradas como Sting, U2, Peter Gabriel y Bruce Springsteen, en los que estremecía al público armada de una retumbante guitarra acústica y el dramatismo de su voz. Canciones como Across the lines o el cántico a capella Behind the wall van directo al grano, denunciando el racismo y la violencia doméstica sin ambages.

Otras, como For my lover, van más al uso de situaciones contrarias a la mujer que se amparan en esas sutiles permisividades que, desde el género femenino, validan la impunidad reinante. Caso contrario es la historia que narra en Fast car, que le abrió las puertas de la fama mundial, en la cual una joven adolescente está inmersa en una relación tóxica y, mientras ella trabaja de mesera para pagar las cuentas, él se emborracha con sus amigos. Pero aquí la historia da un vuelco cuando la protagonista decide mandar al tipo al diablo.

Chapman se ocupa en este primer álbum de la desigualdad (Talking ‘bout a revolution), el consumismo (Mountains o’ things) y el amor contaminado por conflictos. Baby can I hold you fue la única canción que recibió atención en las radios nacionales pues encajaba en el formato de balada romántica, de moda en ese entonces. Gracias al empuje de este tema, el disco superó el millón de copias vendidas a solo dos semanas de su lanzamiento. Su sonido es crudo y directo, influenciado por el folk-rock acústico setentero.

Imagen sin artificios

El éxito logrado le permitió moverse con plena libertad artística, sin que los cambiantes gustos y tendencias comerciales afecten su propuesta y personalidad. Sobre los escenarios se mostraba tímida y poco comunicativa, lo cual añadía impacto a la profundidad de sus letras, producto de su formación como antropóloga, y su imagen desprovista de artificios, siempre vestida de negro, con jeans, sin maquillaje y con dreads de influencia rasta.

Crossroads (1988) siguió la línea confesional y combativa del primero con títulos como Born to fight o Freedom now, dedicada a Nelson Mandela. Destaca Subcity, cuya letra describe los problemas de seguridad ciudadana que padecemos actualmente: “Aquí en la subciudad la vida es dura, no recibimos ningún alivio del gobierno, quiero darle las gracias al señor Presidente por no tomarme en cuenta”.

Sus posteriores producciones muestran un sonido más sofisticado con canciones como Bang bang bangWoman’s work o The rape of the world en las que aborda temáticas como el uso de armas entre ciudadanos civiles, las mujeres trabajadoras y la contaminación ambiental. Mientras las dos primeras pertenecen a su tercer disco, Matters of the heart (1992), la última está incluida en New beginning (1995), su cuarta producción discográfica que además contiene la balada The promise y el blues Give me one reason, que años después grabaría a dúo con el guitarrista inglés Eric Clapton, para un disco navideño.

El nuevo milenio trajo los álbumes Telling stories (2000), Let it rain (2002), Where we live (2005) y Our bright future (2008), su última grabación hasta el momento. Más madura y segura de sí misma, Chapman mantiene su característico lirismo recubierto de excelentes bases musicales, con letras románticas y reflexivas. Tracy Chapman, que actualmente tiene 54 años, sigue realizando giras por Estados Unidos y Europa, interpretando esas letras trascendentales y más urgentes que nunca, como aquella de Why?, uno de los surcos de su recordado primer LP: “¿Por qué una mujer no está a salvo ni siquiera estando en su propia casa?”. A juzgar por las noticias que vemos a diario, es una pregunta que permanece sin respuesta.

TAMBIÉN PUEDES LEER: