OPINIÓN|Nicolás Lúcar: Cómo matar una pasión

El sábado pasado 60 mil espectadores reunidos en el estadio Monumental de Buenos Aires y cientos de millones de televidentes en el mundo.

El sábado pasado 60 mil espectadores reunidos en el estadio Monumental de Buenos Aires y cientos de millones de televidentes en el mundo entero esperábamos  para ver un partido histórico. Debió ser un día inolvidable para los amantes del fútbol, el deporte más popular del planeta. El clásico del fútbol argentino entre Boca Juniors y River Plate, era la final soñada de la Copa Libertadores. Pero pasó lo que todos vimos.Pese a que las barras de los visitantes están prohibidas de asistir a los partidos en Argentina y que por ello los fanáticos de Boca no pudieron  acompañar a su equipo, el bus en el que iban sus jugadores fue atacado a pedradas y botellazos por fanáticos de River. Algunas ventanas se rompieron por los impactos y los proyectiles hirieron a varios jugares. Para colmo y en medio del desmadre, la Policía lanzó gases lacrimógenos que inundaron el bus, afectando seriamente a los futbolistas, que terminaron con los rostros y el cuerpo irritados, con vómitos y dificultades respiratorias y heridos por los vidrios. Lo peor le tocó al capitán de Boca, Pablo Pérez, herido en un ojo que tuvo que ser trasladado a una clínica para ser atendido.

Pero eso no fue todo. Se calcula que más de 5 mil fanáticos entraron por la fuerza al estadio, en un contexto donde las inmediaciones del Monumental eran territorio comanche para las barras bravas de River.En esa situación lo lógico hubiese sido cancelar inmediatamente el partido. Pero eso no ocurrió. Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, con el respaldo del mismísimo Gianni Infantino, presidente de la FIFA, decidió que el encuentro se jugara de todos modos, postergándolo dos veces  para el mismo sábado y pasándolo luego para el domingo, mientras en la calle barristas se enfrentaban en una batalla campal a la policía.Hoy cuando ya el público empezaba a entrar al estadio, el presidente de Conmebol anunció  que el partido se postergaba de manera indefinida, porque -obviamente- los jugadores de Boca hubieran tenido que salir a la cancha en inferioridad de condiciones.

Lo que no explicó Domínguez fueron las razones detrás de sus absurdas decisiones.La final de la Copa Libertadores era un negocio multimillonario para la FIFA y Conmebol y las pérdidas serán gigantescas en entradas que tendrán que ser devueltas, en publicidad contratada que no fue pauteada y en derechos de transmisión de un partido que tal vez no se juegue. A la hora de la verdad a Domínguez e Infantino eso es lo que único que les importa. El fútbol para ellos es, señoras y señores, solo eso: un gran negocio, que tiene como dueño a una transnacional llamada FIFA.Este martes se reunirán en Asunción los presidentes de Boca y River con los directivos de Conmebol.River quiere que se juegue lo antes posible en su cancha y con público. Boca reclama se sancione a River y que se les declare ganadores del partido y con ello de  la Copa Libertadores. El presidente de Boca dice que esta posibilidad no lo hace feliz, y que los partidos se deben ganar en la cancha, pero argumentos para ganar en la mesa le sobran.

(El artículo 8 del reglamento de disciplina de Conmebol dice literalmente que los equipos son responsables del comportamiento no solo de sus jugadores y directivos sino de sus hinchas y no solo dentro sino en las inmediaciones de su estadio cuando se juegue un partido.Eso hace a River pasible de sanciones por el ataque al bus de Boca.El artículo 18 del mismo reglamento dice que una de las sanciones puede ser darle el partido al rival. Eso hace posible que la Comisión de Disciplina de la Conmebol declare campeón a Boca.)Más allá de lo que pase este martes y de todo lo que se ha dicho en estas horas dramáticas y vergonzosas que hemos vivido quienes amamos el fútbol, me quedo con lo que le dijo ayer a Radio Mitre el legendario José Luis Chilavert:“Lo peor y más grave es que Infantino entró con Domínguez y apretaron a la gente de Boca. Ahí te das cuenta de que esta rosca mafiosa viene desde arriba. Infantino tiene como director financiero a Domínguez… (y) Domínguez es el lugarteniente de (Juan Ángel) Nabout, hoy preso en USA por el FIFAgate. Tanto Domínguez como Infantino deben renunciar“.Tal vez todo este fin de semana para el olvido nos permita entender qué clase de gente es la que le cuida las espaldas a Edwin Oviedo en la Conmebol y la FIFA.

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