OPINIÓN | Víctor López García: Instituciones y organizaciones; partidos y políticos

Una de las grandes debilidades que tiene el país para hacer posible su desarrollo económico, progreso social y modernización integral es la falta de instituciones públicas

En el Perú actual pareciera que todo está en crisis y en cuestión. Desde la democracia (aún joven e insuficiente), la libertad (a veces limitada o cooptada) y la justicia (todavía sesgada, parcelada) en sus más diversas expresiones. Hasta las instituciones y organizaciones. Ni qué decir de los líderes y dirigentes. Nadie (casi) se salva. De una u otra manera todos somos responsables de baja, mediana o alta intensidad. Dependiendo del grado de incumbencia o responsabilidad que se haya tenido. Incluso, por acción u omisión. Seguimos siendo un país informal e ilegal en gran medida. Aquí coexisten de manera rara ambas modalidades. Al punto que algunos tienen de lo uno y de lo otro. Falta institucionalidad y organicidad. También legalidad y legitimidad. Pero juntos o alineados. A veces hay legalidad (que es necesaria); pero no legitimidad (que es indispensable). Falta educación y cultura que es la base fundamental de toda sociedad. Así, estamos lejos de ser un país formal y legal.

 

Una de las grandes debilidades que tiene el país para hacer posible su desarrollo económico, progreso social y modernización integral es la falta de instituciones públicas y la carencia de partidos políticos. Por supuesto que existen formalmente; pero no realmente. Las entidades gubernamentales (conducidas por políticos de partidos) no responden de manera adecuada y oportuna a las demandas de la población. Llegan tarde o no llegan (allí está la reconstrucción del norte como muestra). Para la inmensa mayoría siguen siendo ineficientes (obras mal hechas o no culminadas) e inmorales (sobrevaluadas y con coimas de por medio; tipo Lava Jato). Pero la responsabilidad principal la tienen las organizaciones políticas que no son auténticos partidos con calidad teórica y práctica en sus proposiciones y posiciones; ni menos en las capacidades bastante limitas de sus líderes y dirigentes que tampoco están preparados para asumir la conducción de sus agrupaciones y menos la gestión de las entidades públicas.

 

Por eso, lo fundamental para lograr una efectiva democracia, libertad y justicia; así como la institucionalidad del país, que garanticen la gobernabilidad, es la edificación de verdaderos partidos políticos con auténticos líderes y dirigentes. Aunque estamos lejos de que ocurra. Si analizamos el panorama encontramos que TODOS tienen problemas no resueltos en lo ideológico, político, programático, orgánico, de liderazgo; que se expresan en términos de identidad, compromiso y representación. Ya no se sabe qué son y quiénes son. Con el cuento de la globalización y las nuevas realidades lo justifican todo. Patean con ambos pies. Por eso, resulta indispensable fundar y refundar partidos de verdad y formar y reformar políticos genuinos. En tanto ello no ocurra, seguiremos mal o muy mal. A lo mucho regular y pocas veces bien.

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