OPINIÓN | Víctor López García: Aprismo y apristas

Desde hace 33 años que asumió la conducción del partido el alanismo hasta ahora, el aprismo ha tenido una tendencia decreciente integral.

El aprismo está constituido por la historia, la tradición y la leyenda que fueron forjadas en la lucha contra las dictaduras y tiranías que emprendieron las generaciones fundacionales lideradas por HAYA DE LA TORRE. Fueron ellas las que construyeron el partido con principios revolucionarios de izquierda democrática y lo dotaron además de valores éticos y morales. Ambos marcaron la diferencia durante décadas. El ejemplo de entrega integral de líderes y dirigentes íntegros fue forjando la mística en las largas y duras persecuciones que sufrieron y que obligó a periodos de persecuciones, destierros, encierros y entierros. No era fácil ser aprista. Se jugaban la vida por la libertad, la democracia y la justicia social. Nadie discutía la legitimidad de la conducción. Y cuando ocurrió fue por razones ideológicas, políticas y programáticas que dieron origen a lo más emblemático de la izquierda socialista; tanto por la vía armada (De la Puente) como por la vía electoral (Barrantes).

 

También está configurado por la teoría, que son las ideas vigentes en lo fundamental, en tanto que los tiempos y los cambios han validado los planteamientos de VÍCTOR RAÚL; y la práctica que es la aplicación de tales propuestas tanto en las decisiones y acciones de la gestión pública, como en el comportamiento de líderes, dirigentes y militantes.

 

Desde hace 33 años que asumió la conducción del partido el alanismo hasta ahora, el aprismo ha tenido una tendencia decreciente integral. Está en debate hasta qué punto se ha gobernado con las ideas apristas y con los apristas. Lo cierto es que el partido ha sido reducido a su mínima expresión electoral. Y su imagen pública esta distorsionada injustamente como si fuera sinónimo de ineficiencia e inmoralidad.

 

En este contexto asistimos ahora a un debate interno en torno a la votación de un par de congresistas y a la participación de otro par de militantes en el Gabinete. En ambos casos la explicación está en torno a la legitimidad de la dirigencia y a la identidad y compromiso del aprismo con sus planteamientos teóricos, conceptuales, metodológicos e instrumentales.

 

Hace falta una conducción lúcida y coherente, eficiente y transparente, elegida en un proceso electoral absolutamente limpio; para que todos los militantes se sientan representados.

 

Hace falta un sinceramiento ideológico, político y programático para redefinir qué somos realmente, qué queremos y hacia dónde vamos.

 

Y también qué tipo de partido somos y queremos; donde haya espacio sin exclusiones para sus diversas expresiones.

 

En tanto, no hay fundamentos para excluir o expulsar a nadie en razón a decisiones o acciones de votación o participación. Es urgente y necesario un sinceramiento

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