OPINIÓN | Martín Belaunde Moreyra: ¿Por qué un Senado?

En la práctica predominó el Congreso y eso al final se tradujo en las dos sucesivas mociones de vacancia del Presidente de la República por incapacidad moral
OPINIÓN | Martín Belaunde Moreyra: ¿Por qué un Senado? OPINIÓN | Martín Belaunde Moreyra: ¿Por qué un Senado?

 

Me he formulado muchas veces esa pregunta considerando que en el Perú tradicionalmente existió el Senado hasta el autogolpe del 5 de abril de 1992 y la vigencia de la Constitución de 1993. La teoría de la bicameralidad se ha basado fundamentalmente en la necesidad de establecer un equilibrio dentro del Estado y también al interior del Poder Legislativo. La cámara única en un momento fue la expresión de teorías radicales que tenían por objeto fundamental crear un contrapoder al Ejecutivo a fin de neutralizarlo y convertirlo en un mero apéndice del Congreso. En cierta forma eso ha ocurrido en el período que se inició el 28 de julio del 2016 con la mayoría fujimorista frente al gobierno del Presidente Kuczynski, que contaba con un respaldo parlamentario muy exiguo.

En la práctica predominó el Congreso y eso al final se tradujo en las dos sucesivas mociones de vacancia del Presidente de la República por incapacidad moral, la última de las cuales condujo a su renuncia para evitar la humillación de ser vacado. Creo que con un Senado ese desenlace hubiera sido más difícil y quizás habría llevado a una acusación constitucional ante una cámara distinta, proveniente de un electorado distribuido en forma diferente, donde el predominio de la oposición probablemente no hubiera sido tan definitivo. Pero tal pensamiento especulativo corresponde a una cuestión del pasado

El tema por lo tanto es el futuro en función del mejor gobierno del Perú. La bicameralidad en su expresión clásica según la constitución de los Estados Unidos obedeció a la necesidad de armonizar dos representaciones distintas, la de los Estados que conforman la unión y la del pueblo que vive en ellos a nivel nacional. El sentido práctico de los padres fundadores de ese país los llevó a concebir en 1787 dos niveles diferentes, la votación en el Senado a razón de dos votos por cada Estado al margen de su población electoral, frente a una votación popular por Estado en función del número de los votantes residentes en cada circunscripción estatal.

De ahí que el Congreso de los Estados Unidos tenga un Senado con 100 miembros al margen del número de sus votantes, versus una Cámara de Representantes cuyos integrantes en la actualidad son 435. Sin embargo las facultades de ambas cámaras son esencialmente iguales y la aprobación de las leyes requiere la concurrencia de ambas, con la salvedad de aquellas para recaudar ingresos que deben iniciarse necesariamente en la Cámara de Representantes, pero con la posibilidad de ser modificadas por el Senado. Esta Constitución sirvió de inspiración para ciertos países latinoamericanos, principalmente Argentina y en menor grado Brasil y México, todos ellos federales.

En el Perú, el modelo de los Estados Unidos no es viable, porque somos un país unitario sin tradición federal, a pesar de que desde 1979 hemos adoptado una fórmula descentralista. Por ello la alternativa del Senado debe justificarse en otras consideraciones, tales como el equilibrio de poderes y la necesidad de una mejor elaboración de las leyes, mediante una mayor reflexión, proveniente de un Senado como cámara exclusivamente revisora con la capacidad de modificarlas, pero sin iniciativa de presentar proyectos. Sin perjuicio de lo anterior con la capacidad de ratificar ciertos nombramientos en la estructura del Estado.

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