OPINIÓN | Martín Belaunde Moreyra: La última Cumbre

Sin duda es un tema de inmensa importancia en el cual la colaboración entre los gobiernos y particularmente sus fiscalías y tribunales es algo esencial.
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Las Cumbres de América como una institución paralela a la OEA fue una iniciativa del Presidente Clinton iniciada en Miami en 1994. Desde entonces se han venido celebrando con cierta periodicidad en diversos países de América. Hoy día le ha tocado al Perú ser el anfitrión en su octava versión. En esas circunstancias nos encontramos, pero yo no diría la más feliz de todas. Para la Octava Cumbre se presentaban dos incógnitas, la presencia del presidente Trump que en algún momento anunció que asistiría. La otra incógnita era la anunciada “llegada” de Maduro en Lima, a pesar de haber sido expresamente “desinvitado” por el Perú. No cabe duda que la actitud de Maduro era una provocación que tenía por objeto fortalecer su situación interna en las fraudulentas elecciones venezolanas. No estoy en condiciones de afirmar y creo que nadie tampoco, que la “desinvitación” de Maduro fue algo pactado cuando hace un par meses nos visitó el ex Secretario de Estado, Rex Tillerson. Lo único curioso fue que poco tiempo después de anunciarse la “desinvitación” de Maduro, indirectamente respaldada por el Grupo de Lima, pero en forma decidida Washington, el presidente Trump anunció su participación en la Octava Cumbre. ¿Coincidencia?

Sin embargo algo quedó muy claro. Más allá del acierto o desacierto de la “desinvitación” de Maduro, el gobierno peruano no estaba en condiciones de dar marcha atrás, pase lo que hubiera podido pasar si en efecto Maduro se presentaba como un paracaidista en medio de la Cumbre. En el ínterin se produjeron algunos roces con ciertos gobiernos del ALBA vinculados a la Venezuela de Maduro. Luego las diversas cancillerías llevaron a cabo coordinaciones con Torre Tagle sobre el tema formal de la agenda, vinculado a la mejor manera de combatir la corrupción a nivel estatal, nacional e internacional. Sin duda es un tema de inmensa importancia en el cual la colaboración entre los gobiernos y particularmente sus fiscalías y tribunales es algo esencial. Lo acabamos de ver con el Brasil y por cierto también con los Estados Unidos, a través de su Departamento de Justicia, que en diciembre del 2016 nos anunció que Odebrecht había pagado coimas en el Perú por USD 29 millones. La corrupción en estos momentos es un fenómeno “trasnacionalizado” que requiere el apoyo de la comunidad internacional, sea en forma bilateral o multilateral al amparo de los numerosos convenios internacionales vigentes.

Me pregunto, que hubiera podido contribuir el Presidente Trump a un diálogo técnico con sus pares de América, la inmensa mayoría de ellos desconocidos para él. Con el gravante en el caso de México de una situación muy tirante por la anunciada extensión del Muro, a ser pagado por los propios mexicanos de una u otra forma. Tengo la sensación que Trump hubiera estado descolocado en la Cumbre. Eso explica en mi opinión, su decisión de no venir y enviar en lugar suyo a su vicepresidente, invocando la crisis en Siria. Todo ello desluce la Cumbre, pero también nos resuelve un problema: inmediatamente después del anuncio de Trump, Maduro a su vez nos hizo saber que ya no tenía interés en venir a Lima. Pero también deja flotando otra incógnita, ¿será ésta la última Cumbre de las Américas?

 

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