OPINIÓN | Martín Belaunde Moreyra: Impaciencia del corazón

Siempre he creído que la impaciencia en la política es muy mala consejera porque fuerza situaciones que después revierten contra las personas que la incitan
OPINIÓN | Martín Belaunde Moreyra: Impaciencia del corazón OPINIÓN | Martín Belaunde Moreyra: Impaciencia del corazón

Ese fue el título de una gran novela del escritor Stefan Sweig publicada en la primera mitad del siglo XX. Aún recuerdo su introducción en la que su autor sostenía que semejante estado de ánimo obedecía a la incapacidad de una persona para sufrir de cerca la desgracia ajena. No recuerdo su desenlace final, excepto por una película mexicana inspirada en dicha obra y adaptaba la revolución de ese país, en la que el personaje central murió víctima de la violencia política. Aplicado ese título a nuestra realidad peruana, nuestro problema principal podría reducirse a la palabra impaciencia,  agregándole la frase “de poder”.

Siempre he creído que la impaciencia en la política es muy mala consejera porque fuerza situaciones que después revierten contra las personas que la incitan. La política en su sentido más elemental y práctico es la lucha incesante para obtener el poder, hoy día bajo una óptica marxista el poder absoluto y eterno, tal como ocurre en Cuba y como se está tratando de imponer en Venezuela. No en vano existe el lema que la izquierda peruana repite casi automáticamente: “salvo el poder todo es una ilusión”. Ese fue sin duda el lema real de Sendero Luminoso y del MRTA en los años 80 y 90 del siglo pasado, pero ambos fracasaron a un inmenso costo humano y económico, que muy poca gente en el país desea repetir, excepto los adherentes a esos dos movimientos terroristas.

En el Perú no estamos bajo un dominio marxista sino en un régimen democrático en el cual el período constitucional del Poder Ejecutivo y del Legislativo es de cinco años, debiendo los que no fueron elegidos esperar su turno para la próxima vez. Algunos lo entienden así pero otros no. Esa es la razón de nuestra actual turbulencia política, que aún no llega a ser inestabilidad pero que tiende hacia ella con capacidad para malograrlo todo. Por eso me pregunto, ¿qué es lo que en realidad se propone Keiko Fujimori y Fuerza Popular? Precipitar la vacancia de la fórmula presidencial para que se convoquen a elecciones por el tiempo que resta del actual período constitucional. Sería un grave error en la que todos perderíamos.

Debo confesar que no conozco en detalle el programa político y económico de Keiko Fujimori. Podría ser de alguna forma de continuidad del programa que su padre ejecutó en la década de los noventa. Pero han pasado 18 años y las circunstancias de ahora son muy distintas. Por lo pronto el Perú a partir de la caída de Alberto Fujimori ha experimentado un extraordinario crecimiento económico que ha llevado a un incremento del PBI superior al 50%. El actual gobierno tiene que actuar desde esa perspectiva para enfrentar las nuevas necesidades. A lo que debemos agregar la baja inflación e incluso el fortalecimiento del sol y además un presupuesto cerca de cuatro veces mayor del vigente en el año 2006. Sin embargo la inflación puede resurgir en cualquier momento si persiste el actual déficit presupuestal por el estancamiento de los ingresos fiscales. Me pregunto si estos  factores son ahora materia de la investigación y reflexión de Keiko y su partido. Si lo son, en buena hora para el 28 de julio del 2021.

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