OPINIÓN | Julio Schiappa: Historia de tres mujeres

Esta historia me pareció un impresionante ejemplo de la nueva actitud que tie­nen los peruanos, no acep­tan que las brechas se con­viertan en sumisión ante otros peruanos.

Por: Julio Schiappa

Avenida 2 de Mayo en Mira­flores, 12 del día del sábado 24. Dos jóvenes mujeres, de evidentes razgos sel­váticos, esperan taxi en la esquina.

Llega una dama en una camioneta Ford, último modelo, de esas que devo­ran gasolina por baldes. Recoge a su esposo de un restaurante de lujo y lue­go pretende que las dos jóvenes abandonen su lu­gar en la esquina, acompa­ñado de la frase “cholas de mierda”. Las jóvenes le res­ponden airadas, no se mue­ven. Ella retrocede su carro y abandona el lugar profi­riendo todo su repertorio personal de lisuras.

Intrigado, les pregunto a las dos jóvenes de dónde eran, me dicen que de San Martín, de la etnia awa­jún. Son empresarias de un grupo familiar dedica­do a la producción de café orgánico y cacao. Me dije­ron que ellas no aceptan los atropellos de gente como la señora de la camioneta: “Tenemos dignidad, nadie debe insultarnos y no res­petar que llegamos prime­ro”, dicen con un delicioso acento selvático y la pro­fundidad emocional carac­terística de los awajún.

Esta historia me pareció un impresionante ejemplo de la nueva actitud que tie­nen los peruanos, no acep­tan que las brechas se con­viertan en sumisión ante otros peruanos y en un per­manente estado de injusti­cia. Además, las brechas las están superando con duro trabajo y habilidad para los negocios, imbatible opti­mismo ante el futuro.

Como si el destino qui­siera duplicar sus leccio­nes a este periodista y consultor, tuve en la mis­ma semana un encuentro inolvidable con otra mujer llamada Luisa Swami Fló­rez de la etnia wambisa, afincada en Iquitos. Luisa me contó un terrible rela­to de abuso sexista, atro­pello laboral y discrimina­ción contra una indígena.

El escenario de estas vio­laciones de derechos fun­damentales, fue nada me­nos que en el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vul­nerables, durante los meses finales del gobierno anterior.

Su jefe la acosó sexual­mente, haciéndole pro­puestas como invitarla a “tomar unas cervecitas en su oficina” o que “con ese cuerpazo nunca debes quedarte sin trabajo mien­tras camines conmigo”. In­aceptable en un funciona­rio y en cualquier hombre de bien. Fue discriminada sin tregua también por su racista jefe de sección.

Mis dos amigas awa­jún y la líder wambisa, Lui­sa Swami Flores, expre­san una nueva voluntad de justicia, la encabezan mujeres ¿qué esperamos los demás peruanos para unirnos a su causa?

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