OPINIÓN | Augusto Ortiz de Zevallos: El gabinete Zavala debe destrabar | la maldición de Zavalita

Des-joder el Perú ha pedido el presidente Kuczynski, ante la pregunta, esa vargasllosia­na ya clásica, sobre cuándo se jodió el Perú, que ya va a cum­plir 50 años de escrita y que se inspiró en mirar la desarregla­da avenida Tacna.

Por: Augusto Ortiz de Zevallos

HACER RÁPIDO Y BIEN LOS PLANES QUE NO HAY PARA DESJODER EL PERÚ

Des-joder el Perú ha pedido el presidente Kuczynski, ante la pregunta, esa vargasllosia­na ya clásica, sobre cuándo se jodió el Perú, que ya va a cum­plir 50 años de escrita y que se inspiró en mirar la desarregla­da avenida Tacna.

Y eso que en el escenario des­crito por MVLL en su novela, bastante autobiográfica, aún no había avenida Abancay, porque esta data del mismo odriísmo y comparte su fealdad. Se estaba haciendo en el tiempo narrado en la novela.

Y de la Abancay se dice que, consultado el dictador sobre si ha­bía manera de no cortar en dos al hermoso convento de San Fran­cisco y evitar demoler otros edifi­cios históricos, pero haciendo una curva en el trazado, Odría respon­dió que las curvas eran marico­nadas y había que hacer avenidas rectas. A lo Mussolini.

Así que pudo ser peor el esce­nario urbano (avenida Abancay en vez de Tacna) para esa interro­gante depresiva y tan perseguido­ra que ahora se renueva.

Solamente que otro Zavala debe responder ahora esa pregun­ta al revés: cómo desjoder.

HAY ENTONCES QUE CONJUGAR ESE NUEVO VERBO: DESJODER

 Y será una directiva presiden­cial la que ojalá se sume a que de­jen de joder allí cerquita, es de­cir, a que desjodan también en la misma avenida Abancay, allí en ese Palacio donde ni saludan ni aplauden y en esa plaza donde pe­nan desde que la Inquisición ha­cía allí autos de fe y torturaba en nombre de Dios.

Ojalá sean estimulantes los in­novadores ejercicios matutinos en el patio del otro Palacio, y ese no­table 70% de aprobación (es de­cir, 20 más que en las elecciones, lo que se suma a los 20 menos que castigan las pataletas de los fujimoristas después de ellas. Eso suma 40, ganados o perdidos se­gún quién) crezca.

 SABER QUÉ SE QUIERE, DÓNDE, CUÁNDO, CÓMO

Y también cuánto cuesta eso que se quiere para poder propo­ner cómo se puede conseguir. Su­mando inversión pública y priva­da porque con la pública sola no alcanza.

Y hacer eso en todo el país. Rá­pido, destrabando proyectos. Te­ner así una cartera clara de pro­yectos sostenibles y viables que no sean hechos aislados, sino que tengan una inteligencia del espa­cio y que se sumen como un plan. Lo que es muy distinto de la ato­mización que hasta ahora hay con proyectos puntuales y sectoriales; pensados y estudiados para el ais­lamiento. Un colegio, una cárcel, un hospitalito, una comisaría, un by-pass…

Y que cambian muy poco, porque no generan un sistema, porque no inducen ni aprove­chan ni entienden las potenciali­dades, ni capitalizan o interpre­tan de manera multiplicadora las tendencias positivas, las oportu­nidades, lo latente, lo que pue­de convertirse rápidamente en dinámicas, en revitalización, en sinergias.

Los proyectos aislados uno por uno son paliativos. Aspirinas. Y el presidente ha dicho bien que quie­re liderar un proyecto mayor, a es­cala del país. Cambiar y no más de lo mismo. Modernizar, exten­der, igualar, acercar, reactivar.

Se trata entonces de hacer su­mas que multipliquen. Se necesita ideas, creatividad, motores de de­sarrollo.

 ES DECIR QUE HAYA PLANES. QUE NO HAY

Y otra lógica de esos planes. Que no sean inventarios ni diag­nósticos, ni cuadernos de quejas. Ni sueños de opio, ni colecciones de deseos ni cartas a Papá Noel, que no hay. Que sean cartas de na­vegación, hojas de ruta, empezan­do ayer.

Eso necesita, primero, reu­nir todos esos proyectos pun­tuales que ya haya y ver cómo pueden ser interactivos, cómo pueden generar efectos replica­bles y multiplicadores; tenden­cias, cambios de verdad. Y so­pesar los vacíos, lo faltante en esas agendas o listas de pro­yectos.

Qué oportunidades per­didas, qué potencialidades, qué olvidos, qué trabas, qué alterna­tivas. También leer expectativas. Quiénes más juegan en esos es­pacios en que se quiere actuar. Y qué esperan, qué planes o afanes están allí, durmiendo.

Y ponerse a pensar y a proponer cómo aliar lo que ahora no lo está. Cómo convertir quejas en iniciati­vas, cómo captar energías.

DE LA LISTA DE PROYECTOS HAY QUE PASAR AL PLAN TERRITORIALIZADO

Qué ciudades, qué tejidos urba­nos, qué infraestructuras, qué roles, qué complementariedad, qué recur­sos, qué previsiones… Y ponerle a eso etapas, fases, secuencias.

Que haya inversiones semillas, pero que lo sean de árboles fruta­les y propicios y no de esos que están donde no pertenecen y ter­minan siendo maleza.

Eso se puede en muy pocos meses. Dos si hay decisión políti­ca y, entonces, cada proyecto has­ta puede venir con su pan bajo el brazo y con mantequilla.

Los gobernadores regionales y su asociación, así como los alcal­des de grandes ciudades, necesi­tan que eso sea su agosto y su se­tiembre. O no la hacen, este año, y les quedan pocos. Y si no lo ha­cen, pierden –como hasta ahora– tiempo, plata y oportunidades.

Desjoder pasa, señor primer mi­nistro, por ayudar a que haya esos planes regionales y urbanos estra­tégicos que permitan orquestar, programar, invertir y hacer obras. Y pasa por que desjoda el SNIP, ese jodedor insistente que pide contarle los pelos y las patas al gato unas cuatro veces, en vez de inducir procesos de toma de deci­sión adecuados y progresivos.

 El gabinete Zavala debe destra­bar la maldición de Zavalita.

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