OPINIÓN | Ántero Flores-Aráoz: Vuelta al bicameralismo

La vuelta al sistema bicameral en el Congreso de la República, no goza de mucha simpatía, aunque es necesario...

La vuelta al sistema bicameral en el Congreso de la Republica, no goza de mucha simpatía, aunque es necesario.  La población, por lo general, observa las deficiencias del actual Parlamento, no muy diferente de los que se han sucedido en los últimos lustros, por lo que cualquier aumento del número de congresistas: molesta, y más si se cree que ello generará mayor presupuesto para ser asignado al Poder Legislativo.

La percepción anotada es errada, y ello porque con la inclusión del Senado en un Congreso que vuelva a ser bicameral, seguramente se conseguirá que, en la Cámara Alta, como también corrientemente se denomina a la Cámara de Senadores, existan personas más versadas y experimentadas, que vuelva a dar lustre al Parlamento Nacional como lo fue antaño.

En cuanto al gasto que implique una segunda Cámara, algunos aseverarán que la Democracia cuesta. ¡Pues claro que cuesta! Pero no debe costar más, dado que con el actual Presupuesto asignado pueden tranquilamente funcionar ambas cámaras legislativas y, si es que no hay dispendio y se adoptan medidas de austeridad, probablemente sobrará dinero.

Antes, cuando había dos cámaras, cada una tenía su administración, duplicándose contabilidad, manejo de personal, archivos, seguridad y tantas otras áreas. La verdad es que no hay razón para duplicar la administración, la que debe ser una sola, y ello puede lograrse con disposiciones constitucionales complementarias o con variaciones en el Reglamento del Congreso.

El autor de esta nota ha tenido el privilegio de integrar Congreso con dos cámaras, como lo fue el electo en 1990, y luego en Congreso unicameral como era el CCD y los congresos que lo sucedieron.

En el Congreso bicameral sufrí la decepción del trámite legislativo lento, paquidérmico, sin entenderse que en un mundo moderno y globalizado había que tomar decisiones legislativas rápidas.  Mi estado de ánimo en ese entonces se agravó con la discusión del cambio monetario de Inti al Nuevo Sol, que con idas y venidas entre ambas cámaras, además de conferencias entre ellas, fue el parto de los montes, pese a que era simplísimo el asunto: reducción del número de ceros.

Ya en Congreso unicameral, me sedujo la rapidez del trámite legislativo, pero con el tiempo comprobé que se perdía en seguridad jurídica y se abría campo hacia la arbitrariedad y al privilegio del número de votos frente a la reflexión y a la razón que nada valían. La prepotencia vencía al diálogo inteligente.

Para poder conciliar en un congreso unicameral, de un lado la presteza para resolver problemas urgentes, con la seguridad jurídica que otorga debatir en dos cámaras los asuntos de interés para el país, nos vimos precisados a modificar el Reglamento del Congreso con la finalidad de que los proyectos de ley pudieren ser sometidos a dos votaciones, y entre ambas, algunos días de reflexión y de información ciudadana, con lo cual se facilitaba la corrección de errores.

Pese a lo señalado, los congresistas se dieron maña para dispensar en muchísimos casos la segunda votación. De haber dos cámaras, ello no sucederá. Seguiremos con el tema.

*Ex Presidente del Congreso de la República

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