CULTURAL | Cirque du Soleil: magia y perfección, por Jorge Tineo Rendón

Compañía circense estará en Lima por cuarta vez, a partir de la próxima semana, con el show Sép7imo Día: No descansaré, inspirado en la música de Soda Stereo.

Por Jorge Tineo Rendón

Desde que el Cir­que du Soleil apareció en el firmamen­to artístico, conceptos como “magia”, “perfección” o “fantasía” dejaron de ser abstraccio­nes de la mente o escenas de ciencia ficción para convertirse en realidades concretas. Con solo atra­vesar el umbral de una de sus coloridas carpas se ingresa, sin salir de este mundo, a otra dimensión.

Cada función de la com­pañía circense nacida en 1984 en Montreal, capital francófona de Canadá, es una celebración de vida, talento, disciplina y liber­tad, aquella libertad que solo disfrutan seres huma­nos extraordinarios, capa­ces de producir hermosos momentos de comunión con el universo y ejecutar proezas físicas y artísticas, gracias a años de esfuerzo, práctica y tenacidad.

Por eso, cada vez que ob­servemos, boquiabiertos, alguna de las espectacula­res puestas en escena del Cirque du Soleil, hay que agradecer que aún existan razones para creer en la humanidad, representa­das por la imagen de esos ingrávidos acróbatas, ma­labaristas, músicos, gim­nastas y atletas, artistas de diferentes países que con­tribuyen más a la integra­ción mundial que todos los discursos juntos.

La magia y perfección del Cirque du Soleil estarán en Lima por cuarta vez, a par­tir de la próxima semana, con el show Sép7imo Día: No descansaré, inspirado en la música de Soda Ste­reo. En Argentina, donde se realizó el estreno en mar­zo último, la asociación de la compañía de circo moderno más importante del mundo con uno de sus orgullos contemporáneos trascendió lo artístico y alcanzó connotaciones sa­gradas. Los setenta llenos totales en el legendario Luna Park de Buenos Aires así lo confirman.

El famoso Circo del Sol ya instaló anteriormente en Lima su Grand Chapiteau -monumentales carpas de 20 metros de altura y 50 de diámetro- para cautivar­nos con sus obras Quidam (2010), Varekai (2013) y Cor­teo (2014). Esta vez, el circo prescinde de las clásicas tiendas y se presenta en formato teatral, al estilo Las Vegas. Esta es la cuarta vez que los canadienses elaboran una historia con música de otros artistas. Previamente ya lo habían hecho con The Beatles (Love, 2006), Elvis Presley (Viva Elvis, 2009) y Michael Jackson (One, 2013).

Para la concepción de este show, que lleva el título de una de las canciones me­nos difundidas del aclama­do quinto álbum de Soda Stereo, Canción animal (1990)- los artistas y coreó­grafos del circo vivieron un mes en Buenos Aires, absor­biendo los elementos de la idiosincrasia argentina que originaron la carrera musi­cal de Gustavo Cerati, Héc­tor “Zeta” Bossio y Charly Alberti, convirtiéndose en un homenaje al guitarrista y cantante fallecido hace tres años.

Laura Cerati, hermana del recordado músico, así como los dos miembros restantes de la banda, fue­ron fundamentales du­rante ese intenso proceso creativo, aportando datos y experiencias que sirvie­ron para elaborar el guion, que contiene una selec­ción de más de 20 cancio­nes de Soda Stereo, desde populares éxitos –Te hacen falta vitaminas, Cuando pase el temblor, De música ligera- hasta melodías úni­camente reconocibles por los verdaderos seguidores de su discografía produci­da entre 1984 y 2007, como por ejemplo Planeador, Planta o Luna roja.

“Las letras de Soda son inteligentes y metafóricas; no era una banda perezo­sa, sino muy trabajadora y desafiante, como los acróbatas”, dijo Michel La­prise, director de Sép7imo Día: No descansaré, que a juzgar por las imágenes que circulan en la red, es un nuevo triunfo de estos geniales artistas del circo moderno.

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