Cultura | «El Quijote», de Cervantes, la obra mejor valorada

Las personas han vuelto siempre sus ojos a «Don Quijote de la Mancha»; sobre todo, en las épocas de crisis: para saber quiénes somos; para encontrar nuestras raíces; para proyectar con esperanza nuestro futuro.
Cultura | «El Quijote», de Cervantes, la obra mejor valorada Detalle del dibujo del «Quijote», que un joven Antonio Mingote presentó en 1936 a un concurso de portadas de ABC.

No cabe la menor duda, «El Quijote» es la mejor novela de todos los tiempos: la más actual, la maestra de todos los grandes narradores, la que ha cautivado a los lectores de todos los países.

Su éxito fue inmediato y extraordinario pero tardó en ser entendida justamente. Durante los siglos XVII y XVIII, se leyó como una obra cómica. Fueron los románticos europeos (ingleses, alemanes y rusos, sobre todo) los que reconocieron su valor trascendental. Entusiasmó a los maestros de la novela clásica: Sterne, Dickens, Stendhal, Flaubert, Galdós, Dostoiewski…

Cualquier lector actual puede ver que es la primera novela moderna, que se anticipa a muchas técnicas narrativas contemporáneas: la realidad problemática; el «realismo de almas, no de cosas»; el perspectivismo; el narrador no fiable; la metaliteratura; el humor como «técnica literaria de la libertad» (Pedro Salinas).

Principios morales

Más importante que la técnica es el espíritu: llamamos ahora «quijotismo» a la defensa de los principios morales más elevados. Así, el heroísmo: «¡Leoncitos a mí!», clama Don Quijote. La libertad: «Libre nací y en libertad me fundo». La dignidad de cualquier ser humano: «Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro hombre si no hace más que otro». El cristianismo interior, de raíz erasmista, de don Diego de Miranda, un «santo a la jineta» (laico, diríamos hoy). La tan española ética del esfuerzo, no del éxito: «Bien podrán los encantadores quitarme la ventura pero el esfuerzo y el ánimo, será imposible». Al final, la dignidad para afrontar la hora de la verdad: «En los nidos de antaño no hay pájaros hogaño…»

Decía Navarro Ledesma que «la segunda parte del “Quijote” no es “literatura”, como no son “pintura” “Las Meninas”». El gran arte supera todos los límites de la técnica y la historia, nos enseña a entender el mundo y a entendernos a nosotros mismos. Resume Antonio Machado: «Leyendo a Cervantes, me parece comprenderlo todo». Subrayo yo: toda la infinita complejidad de la realidad, del ser humano.

No existe una novela más universal. Lo proclamó Dostoiewski: «Es la última y más sublime palabra del pensamiento humano». A la vez, para orgullo nuestro, es un símbolo de España: así ha sido siempre considerada. Para Carpentier, «no tuvo España mejor embajador, a lo largo de los siglos, que Don Quijote». Sintetiza lapidariamente Dámaso Alonso: «Es la fe de España. Él es España». La mejor España, por supuesto, la de Velázquez y Galdós, San Juan de la Cruz y Goya, Manrique y Falla… La que nos compensa de tantas miserias: nuestra Biblia.

Las personas han vuelto siempre sus ojos a «Don Quijote de la Mancha»; sobre todo, en las épocas de crisis: para saber quiénes somos; para encontrar nuestras raíces; para proyectar con esperanza nuestro futuro… Así debe seguir siendo.

FUENTE: ABC

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